El sector de los envases y embalajes alimentarios se ha reunido en el BIC Bizkaia Ezkerraldea de Barakaldo para analizar una transformación que va a afectar directamente a empresas y consumidores. La nueva normativa europea obliga a reducir residuos, buscar alternativas al plástico convencional y avanzar hacia envases más sostenibles, mientras la industria intenta mantener la seguridad de los alimentos y evitar que los cambios repercutan excesivamente en los precios.
Del plástico convencional a los materiales compostables
Hemos estado en el Cuarto encuentro para la Innovación en Envases y Embalajes Alimentarios de Euskadi y hemos conocido algunas de las soluciones que las empresas ya están desarrollando nuevos materiales.
Una compañía de Bizkaia ha mostrado, por ejemplo, films compostables de origen vegetal destinados al envasado de alimentos. Estos materiales no funcionan como el plástico convencional reciclable, sino que se biodegradan y pueden terminar en el contenedor marrón, junto a los residuos orgánicos.
También se han presentado soluciones de cartón y cartoncillo destinadas a reducir la cantidad de material empleado en los envases de bebidas y alimentación, además de vasos reutilizables para fiestas y festivales. Uno de los fabricantes ha explicado que estos vasos pueden alcanzar unos 150 usos antes de ser retirados.
Una normativa que mantiene en alerta al sector

La directora de ELIKA, la Fundación Vasca para la Seguridad Alimentaria, es Arantxa Madariaga. Nos ha reconocido la complejidad del escenario regulatorio. Y lo ha resumido de forma directa: «Es un lío».
Madariaga ha explicado que el reglamento europeo de envases y embalajes plantea numerosos objetivos hasta 2040 y obliga a la industria alimentaria a acometer una importante transformación.
El problema está en encontrar alternativas que sean sostenibles pero que mantengan una de las funciones fundamentales de los envases: proteger los alimentos, garantizar la seguridad alimentaria y prolongar su vida útil.
El reto de que lo sostenible no sea más caro
La transición tampoco resulta sencilla desde el punto de vista económico. Existen materiales alternativos al plástico, pero algunos son más caros, y el sector busca evitar que este incremento termine trasladándose al precio que paga el consumidor.
«El conseguir ese equilibrio entre utilizar esos envases mucho más sostenibles sin que eso redunde demasiado en el precio de los alimentos, pero tampoco perjudique a la cuenta de resultados de las empresas, es un reto importante», ha explicado Madariaga.
La procedencia de las materias primas y la situación geopolítica añaden además nuevas incertidumbres para fabricantes y empresas alimentarias.
Vuelve el sistema de devolución de botellas
Uno de los cambios que puede resultar más visible para el consumidor es el regreso de los sistemas de devolución y retorno de envases, similares a los que ya funcionan en países del norte de Europa.
El modelo permite entregar determinadas botellas o latas y recuperar a cambio una pequeña cantidad de dinero. Madariaga ha señalado que el sistema está en preparación y ha situado 2029 como una de las fechas que maneja la regulación europea.
Para que funcione, ha destacado que también resulta necesario facilitar el proceso a los consumidores, ya que supone guardar los envases en casa, transportarlos y devolverlos posteriormente.
Las monodosis de kétchup y mayonesa, en el punto de mira
Entre los cambios que más pueden llamar la atención está el futuro de los pequeños sobres individuales utilizados habitualmente para el kétchup, la mayonesa y otras salsas.
Preguntada por estos envases, Madariaga ha sido clara: «En principio van a desaparecer».
La normativa pretende reducir tanto el número como el tamaño de los envases que circulan. La dificultad está en que estas pequeñas dosis también pueden ayudar a evitar el desperdicio alimentario, especialmente cuando una persona consume cantidades muy reducidas de un producto.
«Lo que es bueno para una cosa es malo para otra», ha señalado la responsable de la Fundación Vasca para la Seguridad Alimentaria, que ha explicado que las monodosis se van a reducir porque cada pequeña porción lleva asociado un envase que posteriormente hay que gestionar.
Del «reciclable» al «reciclado»
El encuentro también ha puesto sobre la mesa otra diferencia importante para el consumidor: no es lo mismo comprar un envase reciclable que comprar uno fabricado con material reciclado.
Durante la conexión se ha destacado que existe una amplia aceptación de los productos que pueden reciclarse, pero todavía falta demanda de envases que incorporan material ya reciclado. Algunas botellas empiezan a indicar expresamente que han sido fabricadas con plástico procedente de otros envases.
La industria también ha mostrado soluciones que ya forman parte de la vida cotidiana, desde tapones unidos a las botellas hasta recipientes para comida preparada, embalajes de cartoncillo y vasos reutilizables. Los fabricantes continúan adaptando diseños, materiales y procesos productivos a las nuevas exigencias europeas.
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