El paro ha vuelto a crecer con fuerza en el arranque del año y ha confirmado un escenario preocupante para el mercado laboral. Los datos de enero han reflejado un aumento muy significativo del desempleo en el conjunto del Estado y un impacto especialmente severo en Euskadi.
Un enero muy negativo para el empleo
El mes de enero ha registrado 30.300 personas más en paro respecto al mes anterior, hasta alcanzar los 2,44 millones de personas desempleadas. Además, el número de demandantes de empleo se ha situado en 4,38 millones, lo que evidencia una presión creciente sobre el mercado laboral.
Enero suele ser tradicionalmente un mes negativo para el empleo, pero en esta ocasión los datos han sido especialmente malos, con cifras que no se veían desde hace más de una década.
Euskadi, entre las comunidades más castigadas
En el caso de Euskadi, el impacto ha sido especialmente duro. El territorio ha perdido 12.000 empleos en enero, lo que lo convierte en el peor mes de enero para el empleo en los últimos 13 años. El Servicio Vasco de Empleo ha sumado más de 700 personas paradas en el último mes, un incremento que se ha cebado especialmente en las mujeres.
Empleo precario y contratos de corta duración
Desde la Unión Sindical Obrera (USO) se ha advertido de que estos datos ponen en evidencia un modelo laboral basado en empleo precario, muy dependiente del sector servicios y de campañas puntuales. Su Secretario General, Joaquín Pérez da Silva, asegura que «se trata de contratos de muy corta duración, que generan buenos datos a corto plazo pero no consolidan empleo estable ni de calidad».
Este modelo provoca una fuerte volatilidad: en cada cambio de ciclo o final de campaña se destruyen miles de puestos de trabajo, sin que exista una base sólida que garantice estabilidad laboral.
El auge del pluriempleo como síntoma de precariedad
Uno de los datos más preocupantes es el aumento del pluriempleo, que ha alcanzado a cerca de 900.000 personas. Además, alrededor de 1,4 millones de personas que ya están ocupadas continúan buscando empleo, lo que refleja que sus condiciones laborales o salariales son insuficientes.
Según Joaquín Pérez, «esta situación está llevando a muchas personas a encadenar varios trabajos y jornadas excesivas, en algunos casos de hasta 14 o 15 horas diarias, para poder cubrir gastos básicos como el acceso a la vivienda».
Contratos indefinidos que no garantizan estabilidad
El análisis sindical también ha puesto el foco en la pérdida de empleo estable tradicional, sustituido por contratos denominados indefinidos que, en la práctica, tienen una duración muy limitada. Muchos de estos contratos finalizan durante el periodo de prueba o mediante fórmulas que encubren despidos.
Durante el último año se han firmado más de 14 millones de contratos en el Estado, una cifra muy elevada que, sin embargo, no se ha traducido en empleo estable. En Euskadi, la contratación indefinida apenas alcanza el 25,35 % del total, y una parte importante de estos contratos son a jornada parcial.
Fijos discontinuos e inactivos fuera de las estadísticas
Otro de los elementos señalados por el Secretario General de USO es la situación de los fijos discontinuos inactivos, que no computan como personas desempleadas pese a no estar trabajando. Actualmente se estima que hay más de 736.000 personas en esta situación, sin políticas activas de empleo específicas dirigidas a ellas.
A este colectivo se suman personas afectadas por ERTE que tampoco aparecen en las cifras oficiales de paro, lo que distorsiona la imagen real del desempleo y dificulta la puesta en marcha de medidas eficaces.
Brecha de género y empleo de menor calidad
La precariedad laboral tiene también un claro impacto de género. Las mujeres concentran una mayor presencia en la contratación parcial y tienen menos acceso a contratos indefinidos. En estos últimos, solo el 40 % corresponde a mujeres, frente al 60 % de hombres, una brecha que tiene consecuencias directas en salarios, pensiones y proyectos de vida.
