Con la llegada de fechas señaladas como el Día de Todos los Santos, recordamos especialmente a quienes han fallecido. Más allá de las costumbres o tradiciones de cada hogar, la pérdida de un ser querido transforma profundamente la vida de quienes se quedan, alterando rutinas, relaciones e identidad. A este proceso de adaptación a la pérdida lo llamamos duelo.
Aunque habitualmente se asocia solo a la tristeza, el duelo abarca un abanico muy diverso de emociones como culpa, rabia, miedo, añoranza o incluso momentos de calma y alegría.
El mito de las cinco etapas
Es frecuente escuchar hablar de las cinco etapas del duelo (negación, ira, negociación, depresión y aceptación) formuladas por Elisabeth Kübler-Ross. Sin embargo, estas etapas se desarrollaron inicialmente observando a personas que afrontaban su propia muerte. Las investigaciones actuales demuestran que el duelo no sigue un orden determinado ni todas las personas atraviesan las mismas fases. Asumir estas etapas como un recorrido estándar puede ser contraproducente, haciendo sentir a la persona que está viviendo su dolor de manera «incorrecta». Factores como el vínculo, las circunstancias de la muerte, la historia previa o la propia cultura condicionan totalmente la vivencia de cada individuo.
El modelo del proceso dual
Frente a los esquemas rígidos, existen propuestas como el proceso dual del duelo desarrollado por Margaret Stroebe y Henk Schut. Según este enfoque, la adaptación requiere alternar de forma natural entre dos necesidades vitales: por un lado, afrontar la ausencia (recordar a quien ha muerto, expresar el dolor y asumir los cambios); y por otro lado, atender a la vida que continúa (recuperar rutinas, asumir responsabilidades y construir nuevas formas de vivir). Descansar del dolor y concentrarse en el día a día no significa querer menos a quien se ha ido, sino que forma parte del propio aprendizaje vital. Adaptarse a una pérdida no implica olvidar, sino integrar esa ausencia en nuestra historia.
Respeto, tiempo y acompañamiento
Tampoco existe un plazo universal para dar por superado un duelo. No obstante, cuando la intensidad del dolor o el anhelo se prolongan de forma que dificultan gravemente la vida cotidiana, es conveniente valorar la ayuda profesional. Para acompañar a alguien en este trance, lo primordial es estar presentes, escuchar sin juzgar y respetar los tiempos sin imponer expectativas ni frases hechas. Entender el duelo pasa por respetar la diversidad con la que cada ser humano aprende a convivir con la ausencia.
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