En una nueva entrega de la sección Campo Abierto en EgunOn Bizkaia, el experto en agricultura ecológica Ion Colino ha analizado las luces y sombras del cultivo en invernadero. A menudo se percibe como un entorno de protección absoluta, pero la realidad técnica es mucho más compleja: “Si no se gestiona bien, los problemas de las plantas se acentúan y, en muchas ocasiones, la situación se vuelve irreversible”.
El enemigo invisible: Las altas temperaturas
Uno de los principales riesgos es el exceso de calor. Es habitual que, durante la primavera avanzada y todo el verano, un invernadero supere fácilmente los 40 o 45 grados. A estas temperaturas, la fotosíntesis se paraliza, lo que detiene el crecimiento de la planta y puede provocar «escaldados» en frutos como los pimientos, dejándolos inservibles para el consumo o la venta.
El reto del riego y la deshidratación
El riego no es una cuestión de voluntad, sino de rutina y fisiología. Colino explica que las plantas tienen velocidades distintas de transpiración y absorción de agua. “Si hay mucha temperatura y poca humedad, las hojas piden mucha agua y las raíces no dan abasto; la planta acaba muriendo por deshidratación”. El error común de regar en exceso para compensar este estrés suele derivar en la aparición de hongos, enfermedades y parásitos.
La polinización: Un ejército de ayuda
Muchas verduras son autopolinizantes, pero eso no significa que no necesiten ayuda externa. Dentro de un túnel, la falta de corrientes de aire y de insectos puede hacer fracasar la cosecha. Por ello, es vital:
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Mantener corrientes de aire constantes dentro del invernadero.
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Colocar flora auxiliar para atraer insectos.
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En casos necesarios, introducir cajas de abejorros o mariquitas para garantizar la polinización y el control biológico de plagas.
Calidad nutricional y rotación
Desde el punto de vista de la salud, el cultivo exterior sigue siendo superior. Debido a las diferencias en la longitud de onda de la luz dentro del invernadero, las plantas de hoja ancha (acelgas, lechugas) tienden a acumular más nitratos, que pueden derivar en nitritos potencialmente perjudiciales. Por ello, la recomendación para una gestión profesional es clara: “Lo ideal es alternar y basar la cosecha principal en el exterior”. Además, es fundamental realizar rotaciones de cultivo e incluir leguminosas que fijen el nitrógeno del aire de forma natural.
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