La llegada de la inteligencia artificial a las aulas y a los hogares ha encendido un debate intenso sobre si estamos criando una generación más perezosa al permitirles el acceso directo a las respuestas. Sin embargo, en el último espacio de ‘IA para andar por casa’, Ricardo Devis, experto de Bilbao AI, rompe este mito al asegurar que la IA bien guiada no solo no frena la creatividad, sino que la mejora ostensiblemente. Esta afirmación se apoya en un estudio de la Universidad de Pensilvania que analizó a más de 1.000 estudiantes; mientras que aquellos que usaron la IA sin control obtuvieron resultados mediocres, el grupo que utilizó un tutor de IA basado en el método socrático logró un hito sorprendente. Este sistema, que guía al alumno mediante preguntas en lugar de darle la solución, permitió que los estudiantes sacaran las mismas notas que el grupo tradicional pero con un 127% más de productividad, demostrando que la clave reside en el acompañamiento y no en el mero acceso a la información.
Entrenar el músculo creativo con un exoesqueleto mental
Para entender esta relación con la tecnología, Devis propone imaginar la IA como un exoesqueleto mecánico. Al igual que los soldados de la película Avatar, podemos usar esta herramienta de dos formas: para volvernos dependientes y perezosos, lo que terminaría por atrofiar nuestros músculos mentales, o para realizar un «ejercicio» intelectual superior, levantando cargas cognitivas que solos no podríamos manejar. En el ámbito creativo, esto se traduce en una explosión de posibilidades, ya que la creatividad se basa en la capacidad combinatoria de ideas. Si un joven utiliza la IA para generar cien opciones en lugar de tres y aprende a interrogarlas y combinarlas, su potencial creativo aumenta de forma exponencial.
Aprender a pensar: el reto de vencer la impaciencia
El reto actual para padres y educadores no es la prohibición, sino enseñar a vencer la impaciencia de obtener la respuesta rápida. Herramientas como ChatGPT ya incluyen funciones de «Aprende y estudia» que activan este modo socrático, obligando al usuario a pensar y debatir en lugar de limitarse a recibir un resultado final. De hecho, Devis destaca que los niños suelen tener menos miedo a experimentar y a pedirle a la máquina que les «lleve la contraria», enfrentándose a argumentos distintos a los suyos. En definitiva, la IA se presenta como una ayuda fantástica para el aprendizaje siempre que se utilice para fomentar el pensamiento crítico y no como un simple atajo para copiar.
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