En la última entrega de la sección Campo Abierto en el programa EgunOn Bizkaia, hemos analizado la situación de uno de los materiales más antiguos y, paradójicamente, más olvidados de nuestra historia: la lana. A pesar de su declive frente a los sintéticos, Ion Colino defiende su papel crucial como un recurso de alto valor biológico y técnico que urge rescatar del olvido.
Un material en crisis: cuando esquilar cuesta dinero
A pesar de sus múltiples bondades, la realidad económica de la lana es alarmante. Colino destaca que «esquilar a la oveja nos cuesta más caro que el valor de la lana», vendiéndose actualmente a unos irrisorios 15 céntimos el kilo. Esta falta de rentabilidad ha provocado que un producto noble sea tratado casi como un residuo, siendo sustituido sistemáticamente por derivados del petróleo como el poliéster. Sin embargo, Colino insiste en que la lana es un «tesoro» que siempre ha sido una herramienta de cohesión comunitaria y un pilar de los valores artesanales que fortalece la economía local y el arraigo al territorio.
Revolución en la agricultura: la lana como esponja natural
Uno de los beneficios más potentes de recuperar este material se encuentra en el campo, donde funciona como un recurso estratégico para los agricultores. La lana actúa como una auténtica esponja a nivel agrícola, ya que retiene el agua de lluvia y la libera poco a poco a disposición de las plantas, lo que permite reducir la evaporación hasta en un 35%. Al contener queratina, los microorganismos la descomponen gradualmente, convirtiéndola en un fertilizante de integración lenta y un abono orgánico excepcional. Su uso mejora la vida microbiana del suelo entre un 30% y un 50%, llegando a aumentar las cosechas hasta un 15%. Además, a diferencia de los plásticos agrícolas, la lana es totalmente biodegradable y se desintegra en unos cuatro meses, protegiendo la tierra contra la erosión sin dejar residuos.
El mejor aislante contra el cambio climático
Más allá del cultivo, la lana destaca como un material técnico superior frente a las alternativas industriales. Posee una conductividad térmica muy baja, lo que la hace más eficiente que la lana de roca comercial para mantener la temperatura en las viviendas. Su versatilidad técnica la convierte en un excelente aislante acústico y en la mejor alternativa sostenible para sustituir polímeros derivados del petróleo en el sector de la construcción, aportando una huella de carbono negativa y una durabilidad natural inigualable.
El papel del pastoreo y la administración
Para recuperar este tesoro, Colino señala que es necesario un cambio de paradigma en las políticas públicas. Reclama que la administración valore realmente al ganadero y al pastor, cuya labor es fundamental para el mantenimiento de los ecosistemas vascos. En este sentido, resalta que el pastoreo es la mejor herramienta de prevención contra los desastres naturales, ya que «siempre ha sido un arma para mantener los bosques limpios», actuando como una defensa viva y eficaz contra los incendios forestales durante los meses de más calor.
