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Testosterona frente al envejecimiento: cuándo puede ayudar y cuándo supone un riesgo

El fisiólogo Manuel J. Castillo advierte de que los tratamientos solo deben utilizarse cuando existe un déficit demostrado medicamente

Podcast Sociedad

La testosterona no frena el envejecimiento, pero puede mejorar la calidad de vida

Joven simulando el gesto de inyectarse testosterona / Depositphotos

La testosterona disminuye progresivamente con la edad y su déficit puede afectar a la masa muscular, la salud ósea, la libido, la energía y el bienestar general. Sin embargo, compensar esa reducción no implica vivir más ni convierte a esta hormona en una solución contra el envejecimiento.

El doctor Manuel J. Castillo, catedrático emérito de Fisiología Médica de la Universidad de Granada y presidente científico de la Sociedad Española de Medicina Antienvejecimiento y Longevidad, ha explicado en EgunON Magazine que los tratamientos pueden mejorar algunos problemas asociados a una falta de acción de la testosterona, pero no actúan sobre el conjunto de procesos relacionados con la edad.

Energía, masa muscular y salud ósea

La testosterona es una hormona anabolizante que interviene en la síntesis de proteínas y en el mantenimiento de la masa muscular y ósea. También influye en el deseo sexual, el nivel de actividad, la motivación y la determinación.

Por este motivo, una reducción excesiva puede provocar apatía, menor energía, pérdida de masa muscular y disminución de la libido, tanto en hombres como en mujeres. Castillo ha precisado, no obstante, que unos niveles elevados no aumentan necesariamente la capacidad intelectual, sino que pueden favorecer un mayor arrojo y una menor percepción del riesgo.

La hormona tampoco corrige otros problemas propios del envejecimiento. Su administración no mejora por sí sola la función renal o el deterioro cognitivo ni elimina las arrugas. Sus efectos se limitan principalmente a aquellos procesos directamente relacionados con la testosterona, como la masa ósea, la musculatura o la función sexual.

Tratamientos únicamente cuando existe un déficit

El especialista ha subrayado que la administración de testosterona debe plantearse exclusivamente cuando se ha comprobado un déficit de producción o una falta de respuesta del organismo a la hormona y bajo una estrecha supervisión médica.

Esta valoración exige realizar analíticas y estudios médicos completos, ya que una cifra baja o alta no permite conocer por sí sola cómo está actuando la testosterona en el organismo. El tratamiento, por tanto, no debe iniciarse únicamente por sentir menos energía, tener menor deseo sexual o buscar un mejor rendimiento físico.

Además, la administración de testosterona externa puede reducir la producción natural del cuerpo. Este efecto puede provocar atrofia testicular y problemas de fertilidad. Aunque no se considera que la testosterona cause directamente cáncer de próstata, sí puede favorecer el crecimiento de células tumorales que ya estuvieran presentes.

El estrés altera el equilibrio hormonal

La relación entre la testosterona y el cortisol también resulta determinante. Con la edad, los niveles de testosterona tienden a bajar, mientras que el cortisol, relacionado con la respuesta al estrés, puede aumentar.

Un exceso prolongado de cortisol puede contribuir a la hipertensión y a la resistencia a la insulina, además de inhibir la producción natural de testosterona. Administrar la hormona sin tener en cuenta este desequilibrio podría generar complicaciones metabólicas y cardiovasculares.

Por ello, Castillo ha insistido en que no se deben adquirir suplementos o tratamientos en gimnasios, internet o mercados no regulados. La complejidad del sistema hormonal exige que cada caso sea analizado por profesionales con formación específica.

Preocupación por su utilización en el ámbito militar

Durante la entrevista también se ha abordado la posibilidad de que el Departamento de Defensa de Estados Unidos mida periódicamente los niveles de testosterona de los militares mayores de 30 años y ofrezca tratamientos para optimizar sus capacidades.

El fisiólogo ha mostrado su rechazo a utilizar la hormona con la finalidad de conseguir personas más agresivas, decididas o dispuestas a asumir riesgos. A su juicio, aumentar deliberadamente la testosterona con objetivos operativos podría afectar a la salud, al comportamiento y a las relaciones sociales de los militares.

Sin fórmulas milagrosas contra la edad

La principal conclusión es que la testosterona puede resultar beneficiosa cuando existe una deficiencia real y clínicamente acreditada. En esos casos, el tratamiento puede ayudar a recuperar masa muscular, energía, salud ósea o función sexual.

Sin embargo, más testosterona no significa más longevidad. Su utilización indiscriminada puede alterar el equilibrio hormonal y causar consecuencias importantes para la salud. El envejecimiento saludable depende de numerosos factores y no puede reducirse a la administración de una única hormona.


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