La comodidad de los platos preparados ha entrado de lleno en nuestra rutina diaria, pero su seguridad ha quedado bajo sospecha. Greenpeace ha alertado de que calentar comida en envases de plástico, incluso aquellos etiquetados como «aptos para microondas«, libera microplásticos y sustancias químicas potencialmente tóxicas que terminan en nuestro organismo.
Hasta 534.000 partículas en cinco minutos
Julio Barea, responsable de la campaña de residuos de Greenpeace, ha explicado que diversos estudios científicos han constatado que calentar recipientes de polipropileno o poliestireno durante apenas cinco minutos puede liberar entre 326 y 534.000 partículas de microplástico en la comida.
«El plástico no es inerte. Contiene una gran cantidad de sustancias químicas peligrosas que pasan a los alimentos y a nuestro metabolismo», ha señalado Barea durante la entrevista.
Según ha detallado, estas partículas se suman a las que ya ingerimos a través del agua embotellada o inhalamos en el aire. «Estamos asistiendo a una pandemia silenciosa», ha advertido.
Microplásticos en órganos humanos
La preocupación no es nueva, pero sí cada vez más documentada. Estudios recientes han detectado microplásticos en distintos órganos del cuerpo humano, incluidos ovarios e incluso el cerebro.
«En autopsias se ha observado un incremento significativo de microplásticos en el cerebro humano en las últimas décadas», ha afirmado el portavoz de Greenpeace. Estas partículas llegan, según ha explicado, a través del torrente sanguíneo.
Aunque la trazabilidad exacta entre exposición y determinadas enfermedades sigue en estudio, la literatura científica ya ha vinculado la presencia de estas sustancias con alteraciones hormonales, infertilidad, enfermedades cardiovasculares, obesidad, diabetes tipo B y algunos tipos de cáncer.
Principio de precaución frente al lobby petroquímico
Desde Greenpeace han reclamado la aplicación del principio de precaución. «Ya lo hemos vivido con el plomo en la gasolina, el tabaco o el amianto», ha recordado Barea, subrayando que en todos esos casos la regulación llegó tarde.
La organización ha denunciado además la presión del lobby petroquímico en las negociaciones del Tratado Global de Plásticos, que lleva más de dos años en discusión. «Ni siquiera pedimos solo reducir la producción, sino eliminar las sustancias químicas tóxicas en los plásticos en contacto con alimentos», ha explicado.
En el Estado, el 40% del plástico fabricado se destina a envases, en su mayoría de usar y tirar, una cifra que Greenpeace considera «una auténtica locura».
Qué hacer mientras tanto
Ante este escenario, la organización ha ofrecido recomendaciones prácticas para reducir la exposición. La principal: no calentar la comida en su propio envase plástico.
«Si compras comida preparada, pásala a un plato de loza, vidrio o cerámica antes de meterla en el microondas», ha aconsejado Barea. También ha recomendado sustituir los tuppers de plástico —incluso los etiquetados como aptos para microondas— por recipientes de acero inoxidable, vidrio o cerámica.
En el caso del agua, Greenpeace ha sugerido evitar las botellas de plástico reutilizadas y optar por alternativas de vidrio o acero inoxidable.
La advertencia ha vuelto a poner el foco en un gesto cotidiano que hasta ahora se ha asumido como seguro y que, según los estudios analizados, puede tener implicaciones directas para la salud.
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