El crecimiento de la inteligencia artificial ha vivido una etapa de efervescencia casi adolescente, llena de anuncios espectaculares y herramientas gratuitas que buscaban asombrar al mundo. Sin embargo, OpenAI ha decidido que es hora de «madurar» y ajustar su estrategia para asegurar su éxito en la bolsa. Ricardo Devis señala una analogía muy clara: OpenAI se ha comportado hasta ahora como un chaval en la pubertad, explorando mil caminos a la vez. Pero esa etapa ha terminado. «Le han quitado la paga; OpenAI está entrando en la madurez», afirma Devis. La razón es sencilla: la compañía planea salir a bolsa próximamente y los inversores no buscan anécdotas virales, sino beneficios sólidos. Esto ha llevado a la directora de producto a recortar iniciativas que, aunque populares, dispersaban los recursos de la empresa. Se acabó el tiempo de perder el foco en funciones accesorias para centrarse en lo que realmente genera ingresos.
El sorprendente cierre de Sora
Uno de los puntos más impactantes de este cambio de rumbo es el frenazo a Sora, la herramienta de generación de vídeo que dejó al mundo boquiabierto hace meses. A pesar de su espectacularidad, las cifras eran insostenibles: Sora costaba 15 millones de dólares al día en recursos operativos. En todo su ciclo de vida, solo había recaudado 2,1 millones de dólares. Esta «sangría impresionante» es inaceptable para una empresa que busca una salida a bolsa exitosa. Además, la competencia no se ha quedado atrás; modelos como Gemini han logrado alcanzar o superar la calidad de Sora de forma más eficiente, lo que ha restado sentido a seguir quemando dinero en este proyecto tal y como estaba planteado.
El «espejo» de Anthropic y el mercado empresarial
¿Hacia dónde mira ahora el creador de ChatGPT? La respuesta está en su mayor competidor: Anthropic. Mientras OpenAI se divertía con vídeos y memes, Anthropic se centró desde el principio en el mercado empresarial y profesional con su modelo Claude. «Anthropic tiene números negros (beneficios), es la única del sector que los tiene», destaca Devis. OpenAI quiere ahora seguir ese camino, dejando de lado los deepfakes de personajes famosos o las herramientas puramente lúdicas para ofrecer servicios que las empresas estén dispuestas a pagar.
Un cambio de filosofía
El giro es total. OpenAI ha pasado de ser una organización sin ánimo de lucro a una maquinaria orientada a la cotización bursátil. Este movimiento implica:
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Priorizar el mercado profesional sobre el uso recreativo.
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Cortar proyectos deficitarios (como la publicidad interna o el modelo para adultos).
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Buscar la rentabilidad inmediata para competir con gigantes como Microsoft y Google, que ya sienten la presión de los clientes corporativos.
«Un gran poder conlleva una gran responsabilidad», y para OpenAI, esa responsabilidad ahora se mide en el balance de resultados.
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