Atrapados en el día a día, son muchas las personas que en algún momento se plantean romper con todo y comenzar desde cero. Sin embargo, muy pocas dan el paso definitivo. Pello Trejo, un joven entrenador personal, forma parte de ese reducido grupo que ha decidido transformar sus pensamientos en hechos. Tras tres años trabajando en un gimnasio y con la sensación de que el tiempo transcurría a una velocidad vertiginosa, Trejo sintió la necesidad ineludible de cambiar de rumbo: «Estaba un poco inmerso en la rueda de la rutina, trabajar y vivir un poco para el fin de semana».
Ese «runrún» constante lo llevó a tomar una decisión tajante en verano: renunciar a un empleo estable para lanzarse al monte a vivir nuevas experiencias conectadas con la naturaleza y el deporte.
La Transpirenaica: 820 kilómetros en autosuficiencia
La primera gran aventura elegida por Trejo fue cruzar la cordillera pirenaica desde el Cantábrico hasta el Mediterráneo —desde el Cabo de Higuer en Irun hasta el Cap de Creus en Girona—. Lejos de llevar una planificación minuciosa, optó por la improvisación diaria y por un formato de viaje exigente: «Me gustaba la idea de coger la mochila y que cada día fuese una aventura, sin tenerlo todo planeado».
A diferencia de las rutas tradicionales que apoyan su logística en refugios y hostales, Pello llevó la autosuficiencia al límite cargando con todo lo necesario para pernoctar en tienda de campaña y cocinar en el camino, acudiendo a los pueblos únicamente para abastecerse de comida. La travesía se completó en 56 días, acumulando más de 820 kilómetros a una media de entre 20 y 22 kilómetros diarios.
Tormentas, sed y la fortaleza mental
Realizar una travesía en solitario implica enfrentarse a situaciones complejas donde la prudencia y la gestión emocional resultan cruciales. Al evaluar las mayores dificultades del trayecto, el aventurero destaca la dureza del clima en alta montaña y la escasez de agua en puntos concretos durante el verano: «Lo único con lo que lo he pasado mal de verdad han sido las tormentas y la sed».
Pello recuerda con especial intensidad las noches en la tienda de campaña bajo tempestades pirenaicas, rodeado de rayos y truenos. Asimismo, subraya la importancia del equipamiento básico para evitar lesiones y contratiempos mayores: una buena mochila acoplada a la espalda, palos de senderismo para reducir el impacto en las articulaciones y calzado resistente de montaña.
Un nuevo horizonte: Nueva Zelanda
Lejos de asentarse tras culminar la Transpirenaica, la meta de Pello Trejo está puesta en un nuevo destino internacional. Con el visado ya concedido, emprenderá viaje entre finales de octubre y principios de noviembre hacia Nueva Zelanda. El plan para este nuevo capítulo combina el trabajo temporal en campañas agrícolas con la exploración de los paisajes del país oceánico.
Ante las dudas o preocupaciones habituales del entorno sobre la estabilidad o la cotización a largo plazo, Trejo se muestra convencido de su elección de vida: «Más que la aventura como tal, lo más difícil es dar el pasito de salir de la zona de confort».
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