Siempre me ha hecho mucha gracia, pero mucha, mucha, esta manía que tienen las policías de definir los transportes que utilizan los delincuentes vinculados con el tráfico de drogas: las narcolanchas, narcocamiones, narcoavionetas, y últimamente también los narcosubmarinos. Con ellos, los traficantes de drogas acuden a los que los polis definen en sus notas de prensa como narcofiestas, donde cantan narcocorridos. Siempre me he preguntado si podrían también yo qué se, acudir narcobodas, o narcobautizos, o si el chaval aquel que pasaba porros frente a mi instituto usaba narcopatinete, porque se desplazaba así por el barrio, como si el solo contacto físico de un narcotraficante ya te narcotransformara al instante. A mí me recuerda, como a todos, a la aparatología que el mayordomo Alfred le diseñaba a Batman, con su batmovil, su batcinturón, su batmoto y su , ojo porque apareció en un cómic de veerdad, su batrepelente de mujeres malvadas, con el que consiguió vencer a la villana Jakita Wagner, una malvada superfuerte, superrapida y superpromiscua por cierto. Sí, me lo he pasado bien documetándome.
Pero no venía yo a decir decir batchorradas aquí, o no solo. Yo lo que quiero es proponer introducir en el imaginario colectivo otro prefijo: -carroñer. Sí, ya sé que es un poco largo, pero me parece oportuno, después de lo fructífero en lo conceptual que está resultando, aplicarlo al universo de la crisis de la vivienda. La carroñercrisis, si me lo permitís. Así, podríamos hablar con propiedad, de los carroñercaseros, los carroñerfondos de carroñerinversión, los carroñerparches del PSOE y en general, la carroñerespeculación, valga la redundancia.
Dice el sociólogo Javier Gil en su libro Generación Inquilina, que los gurús de las redes sociales, los carroñergurús, están proliferando en redes explicando a la chavalería cómo hacerse rentistas comprando casas para alquilarlas y pagar con esa renta otra nueva vivienda, en una suerte de estafa piramidal en la que, como en todas, solo ganan los de arriba y en concreto la carroñer ultraderecha, que a la chita callando, se está haciendo con el Internet entero para convencernos de que la verdadera felicidad reside en tratar de enriquecerte pisoteando con tus botas al más pobre que tú.
No me extraña que haya otro escritor, el canadiense Cory Doctorow, que acabe de acuñar para su ultimo trabajo el termino Mierdificación. Dice Doctorow, que la humanidad está entrando en una nueva era geológica que ha bautizado como el Mierdoceno. O la Gran Enmierdación, una época en la que los servicios que más nos importan se están convirtiendo en enormes montones de mierda. Una técnica que han adoptado todas las plataformas, desde X hasta TikTok, pasando por Amazon y Apple: primero atraen a los usuarios a sus plataformas, luego atraen a las empresas que podrían beneficiarse,y al final, les exprimen para su propio beneficio.
¿Podrá el bueno de Alfred prepararnos un bat repeledor de carroñeros, antes de que sea demasiado tarde?
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