¿Por qué nos tragamos los bulos? De pájaros que no existen a terapias con excrementos

No es falta de inteligencia, sino una crisis de confianza advierten desde LOGOS Elkartea

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¿Por qué nos tragamos los bulos? De pájaros que no existen a terapias con excrementos

Peter McIndoe, el creador de 23 años del movimiento viral Birds Aren’t Real, con su camioneta en Fayetteville, Arkansas / Rana Young para The New York Times

La era de la información parece estar mutando peligrosamente hacia la era de la desinformación. Los bulos, las conspiraciones y las pseudoterapias ya no son anomalías pasajeras, sino parte estructural de nuestro paisaje social. Pero, ¿por qué encuentran un terreno tan fértil para crecer? Eder Amayuelas, de Logos Elkartea, reflexiona sobre los mecanismos psicológicos y sociales que hacen que lo absurdo se vuelva creíble.

La sátira como espejo: «Birds Aren’t Real»

Un ejemplo fascinante de este fenómeno es el movimiento «Birds Aren’t Real» (Los pájaros no existen). Nacido en EE. UU. como una parodia deliberada, afirma que las aves fueron exterminadas y sustituidas por drones espía del gobierno.

Aunque comenzó como una crítica satírica para evidenciar lo fácil que es construir un relato conspiranoico con el lenguaje adecuado, el resultado fue inquietante: hubo personas que empezaron a creerlo de verdad. Esto demuestra que, en el ecosistema digital actual, la frontera entre la sátira y la creencia real es alarmantemente difusa.

La «Fecomagnetoterapia»: El peligro de las pseudociencias

Mucho más serio es el caso de la fecomagnetoterapia, un experimento social creado por dos estudiantes de biología para denunciar la peligrosidad de las pseudoterapias. Bajo el nombre de «fecolmagnetismo», inventaron una cura basada en excrementos e imanes.

A pesar de lo absurdo de la propuesta, lograron:

  • Participar en grandes ferias de terapias alternativas.

  • Recibir ofertas para vender sus «productos» fuera de España.

  • Construir una narrativa de sanación emocionalmente atractiva.

El documental “Una terapia de mierda” (ganador de un Premio Feroz) plasma esta historia, dejando claro que las personas no caen en estos engaños por estupidez, sino por vulnerabilidad y necesidad de alivio ante el sufrimiento o la enfermedad.

No buscamos la verdad, buscamos pertenecer

El éxito de estos discursos no radica en su veracidad, sino en su capacidad para ofrecer sentido y pertenencia. En una sociedad fragmentada y precaria, las teorías de la conspiración crean «comunidades simbólicas» con un lenguaje propio y una distinción clara entre «nosotros» (los que saben) y «ellos» (los engañados).

Ridiculizar a las víctimas de estos bulos es un error. Quienes caen en ellos son, ante todo, víctimas de mecanismos de manipulación que explotan necesidades humanas legítimas.

Una crisis de confianza profunda

La conclusión es incómoda: no solo vivimos una crisis de verdad, sino una crisis de confianza y de comunidad. Mientras persista la incertidumbre y la soledad, seguirán apareciendo «nuevos pájaros que no existen» o terapias milagro. El problema no es solo la mentira, sino el terreno social donde esa mentira ha aprendido a echar raíces.


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