En la última entrega de la sección Frecuencia Emocional, la psicóloga Iratxe López aborda una consulta cada vez más recurrente: personas que mantienen sus planes sociales pero que, internamente, han dejado de disfrutarlos. ¿Es timidez, es agotamiento o algo más profundo?
¿Qué es la anhedonia social?
La clave reside en diferenciar conceptos. La anhedonia, en términos generales, es la incapacidad para experimentar placer en actividades que antes resultaban gratificantes. Cuando este síntoma se traslada a nuestras relaciones, hablamos de anhedonia social. «En la anhedonia social, la persona no disfruta del contacto con los demás; los planes se viven más como una obligación que como una elección», explica López. A diferencia de la ansiedad social —donde predomina el miedo al juicio o la tensión—, en la anhedonia social lo que impera es una sensación de vacío o de estar «plano» emocionalmente. No hay vínculo, no hay conexión, solo una presencia física sin eco interno.
No todo es un trastorno clínico
Es fundamental no patologizar cada sensación de desgana. Iratxe López subraya que existen factores naturales y personales que pueden reducir nuestro deseo de interactuar:
-
Neurodiversidad: Algunas personas requieren de más tiempo de soledad para recuperarse tras contextos sociales que les saturan fácilmente.
-
Carga mental y cansancio: En épocas de estrés o mucho trabajo, el cuerpo y la mente piden recogimiento, y forzarse a socializar solo genera más malestar.
-
Falta de autenticidad: A veces, el problema no es nuestra capacidad de sentir placer, sino que estamos funcionando desde una versión adaptada y poco auténtica de nosotros mismos.
La importancia de revisar nuestros vínculos
La soledad subjetiva, tan común hoy en día, a menudo surge de un desajuste entre la persona y su entorno. «Muchos vínculos se mantienen por inercia o compromiso», advierte la psicóloga. Si seguimos quedando con grupos con los que ya no encajamos, es lógico que aparezca esa desconexión. Entender si lo que nos ocurre es ansiedad, anhedonia por depresión o simplemente una necesidad de cambiar de aires es el primer paso para recuperar el bienestar. Al final, se trata de escuchar qué necesitamos realmente y ser fieles a ello.
