La psicóloga Iratxe López, colaboradora habitual de Egunon Bizkaia, ha compartido las claves para plantear los propósitos de Año Nuevo desde un lugar más consciente y para transitar el “bajón” emocional de enero sin añadirse presión.
López ha explicado que los propósitos cumplen una función psicológica y aportan estructura, pero subraya que lo determinante es desde dónde se fijan. Ha advertido de que, cuando se deciden desde un sistema nervioso desregulado, en desconexión o agotamiento, esos objetivos se caen con facilidad. También ha señalado que el enfoque del “tengo que” (apuntarse al gimnasio, aprender idiomas…) pesa más que la honestidad con el propio día a día.
Rutina amable frente a motivación volátil
La psicóloga ha remarcado que la motivación resulta inestable, incluso se desinfla “de un día para otro”. Por eso, defiende que lo que sostiene los cambios son las rutinas y los sistemas amables. Ha puesto un ejemplo concreto: una mala noche de sueño puede echar por tierra el impulso inicial, mientras que una rutina bien diseñada mantiene el rumbo incluso sin ganas.
La culpa, una emoción a escuchar
López ha recordado que las emociones son adaptativas y que la culpa cumple funciones útiles cuando invita a reparar. En el contexto de los propósitos, se observa que esa culpa se tergiversa a menudo. En lugar de obedecerla automáticamente, ha propuesto cuestionarla y “invitarla a entrar” para preguntar qué viene a decir antes de intentar silenciarla.
El “bajón” de enero y el reclamo del Blue Monday
Sobre la sensación de vacío tras las fiestas, López ha señalado que es normal sentirse extraño o triste al terminar la Navidad. Ha indicado que en enero los centros de psicología reciben más llamadas para iniciar terapia. También ha relativizado el llamado Blue Monday, al que se ha aludido como un reclamo comercial más que como un diagnóstico. Como criterio práctico, ha explicado que el tiempo resulta clave: si el malestar dura demasiado o empeora, se recomienda pedir ayuda.
Para quienes atraviesan duelos o etapas difíciles, López ha sugerido normalizar lo que se siente y bajar la exigencia. Ha planteado reducir planes, marcharse antes si es necesario y respetar necesidades propias, como antídoto frente al FOMO, esa necesidad de estar siempre conectados y no quedarse fuera de ningún plan. También ha invitado a “volver al cuerpo”: preguntarse cómo se está y qué se necesita para cuidarse sin caer en la autoexigencia.
