El ADN es, en esencia, el manual de instrucciones de todos los seres vivos. Desde la bacteria más minúscula hasta el ser humano, pasando por hongos y plantas, todos compartimos el mismo idioma químico. Precisamente por esa base común, es normal que existan coincidencias en nuestros «manuales», aunque a veces los titulares nos dejen boquiabiertos.
El matiz del 98% con los chimpancés
Es un dato recurrente: compartimos el 98% del ADN con los chimpancés. Si bien la cifra es cierta, tiene «matices importantes». Este porcentaje se refiere exclusivamente a las regiones comparables del genoma, no al ADN completo.
Existen secciones de nuestra cadena genética que son tan distintas que ni siquiera se incluyen en ese cálculo. Si se tuvieran en cuenta todas las diferencias, el porcentaje de similitud bajaría notablemente. Además, en genética, pequeñas variaciones en el código pueden generar efectos enormes en el resultado final del organismo.
¿Mitad humanos, mitad plátanos?
Otra frase que suele causar estupor es que compartimos el 60% de nuestra genética con un plátano. Aunque suene absurdo, tiene una explicación lógica: lo que compartimos son genes básicos que permiten que las células vivan, crezcan y se reproduzcan. «Esto no significa que la mitad de ti sea un plátano, sino que la vida, en el fondo, comparte herramientas comunes«. Aquí entra en juego la epigenética. Al igual que dos libros pueden compartir muchas palabras pero contar historias opuestas, la clave no es solo qué genes tenemos, sino cómo se usan.
La paradoja del 99,9% entre humanos
Si nos comparamos entre nosotros, las cifras son aún más sorprendentes. Los estudios apuntan a que todos los seres humanos compartimos aproximadamente el 99,9% de nuestro ADN. Las diferencias que vemos —color de ojos, altura o predisposición a enfermedades— residen apenas en un 0,1%.
Sin embargo, ese mínimo porcentaje es crítico, ya que contiene millones de variaciones individuales. Pero hay una conclusión científica fundamental que este dato refuerza: la inexistencia de razas humanas desde un punto de vista genético. La ciencia ha demostrado que la variación genética dentro de un mismo grupo humano puede ser mayor que entre grupos diferentes. Es decir, dos personas de un mismo país pueden ser más distintas entre sí que dos personas de continentes diferentes. Así que la próxima vez que leas un porcentaje sorprendente sobre el ADN, recuerda que más allá de la cifra, lo importante es la historia que cuentan esos genes. La genética nos enseña que, aunque ese 0,1% nos haga únicos, estamos mucho más unidos de lo que solemos pensar.
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