“Una mirada desde la fe a la relación entre la inteligencia artificial y la inteligencia humana”

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“Una mirada desde la fe a la relación entre la inteligencia artificial y la inteligencia humana”

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“Una mirada desde la fe a la relación entre la inteligencia artificial y la inteligencia humana” con Néstor Artola, Miembro de EKO-ACG, responde en el espacio «Evangelio 3.0».

Nota “Antiqua et Nova”

Hace poco más de un año, el 28 de enero de 2025, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe y el Dicasterio para la Cultura y la Educación publicó la Nota “Antiqua et Nova”, que habla sobre la relación entre la inteligencia artificial y la inteligencia humana. En 117 parágrafos, Antiqua et Nova pone de relieve los retos y las oportunidades del desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA) en los ámbitos de la educación, la economía, el trabajo, la salud, las relaciones y la guerra.

¿Cuál es el contexto y el propósito de la Nota Antiqua et Nova?

La Nota comienza subrayando que, ante el desarrollo vertiginoso de la inteligencia artificial (IA), la humanidad se enfrenta a una nueva fase tecnológica de implicaciones antropológicas, éticas y sociales profundas. Este avance tecnológico -aunque fascinante y prometedor- plantea preguntas fundamentales sobre lo que significa ser humano y sobre la manera en que se deben orientar los progresos técnicos.

Desde la perspectiva cristiana, la inteligencia humana no es solo la capacidad de procesar información, sino un don de Dios que manifiesta nuestra condición de seres creados “a imagen de Dios”. Por ello, corresponde al ser humano utilizar su razón y habilidades técnicas de forma responsable, cuidando de la creación y promoviendo el bien común. La Iglesia, lejos de rechazar los avances científicos, los acoge siempre que se orienten a la dignidad integral de la persona.

La Nota se propone, entonces, ofrecer un marco reflexivo que ilumine el uso ético de la IA, especialmente desde una visión antropológica y ética anclada en la tradición cristiana. Está dirigida en primer lugar a quienes tienen la responsabilidad de transmitir la fe y educar (padres-madres, profesores, maestros, pastores y obispos), pero también a toda persona interesada en que la ciencia y la tecnología estén al servicio del desarrollo humano.

¿Qué es la inteligencia artificial?

El documento hace una introducción histórica y conceptual de la IA: aunque la idea de “máquinas inteligentes” tiene raíces antiguas, la investigación moderna se consolidó en 1956 con el taller de Dartmouth, cuando se definió la IA como la capacidad de una máquina para mostrar comportamientos que serían llamados inteligentes si los realizara una persona. Desde entonces, los sistemas de IA han evolucionado, alcanzando capacidades sofisticadas para procesar datos, aprender patrones y realizar tareas complejas.

Se distingue aquí entre:

IA débil o estrecha: máquinas diseñadas para tareas específicas, como traducir idiomas, reconocer imágenes o responder preguntas.

IA general (AGI): aspiración futura de crear sistemas con capacidades cognitivas similares a las humanas -aunque todavía hipotética-.

El documento subraya que, pese a su complejidad, la IA no produce inteligencia en sentido pleno: su “inteligencia” es funcional y dependiente de datos y procesos estadísticos, no de un entendimiento creativo, crítico o moral como el de los seres humanos.

¿Cómo se ha tratado la inteligencia humana en la tradición filosófica y teológica?

Una parte central de la Nota se dedica a explicar cómo entiende la Iglesia la inteligencia humana, diferenciándola de la función mecánica de la IA:

. Desde el punto de vista de la Racionalidad,

La tradición filosófica, especialmente Aristóteles y Santo Tomás de Aquino, entiende la inteligencia humana como un acto que combina la capacidad de abstracción (intellectus) con el razonamiento discursivo (ratio). La inteligencia humana no es solo cálculo: implica comprensión profunda, intuición de verdad y capacidad de juicio personal.

. Desde el punto de vista de la Encarnación,

La inteligencia humana está inseparablemente unida al cuerpo. Para la antropología cristiana, el ser humano es un ser unitario de cuerpo y alma, y su inteligencia no puede separarse de esta realidad encarnada. Este aspecto corporal también influye en la manera en que los seres humanos experimentan la realidad y construyen relaciones.

. Desde el punto de vista de la Relacionalidad,

La inteligencia humana se realiza plenamente en relación con los demás. La persona está llamada a la comunión interpersonal, y su inteligencia se despliega en el diálogo, la colaboración y el amor al prójimo. Esto contrasta con la IA, que funciona aisladamente sin experiencia relacional genuina.

. Desde el punto de vista de la Relación con la verdad,

La inteligencia humana está orientada hacia la búsqueda de la verdad, más allá de datos o utilidad práctica. Esta búsqueda es intrínseca a la persona y lo distingue de los procesos mecánicos de la IA, que pueden imitar respuestas, pero no buscar la verdad en sentido profundo.

. Desde el punto de vista de la Custodia del mundo,

La inteligencia humana implica una responsabilidad: cuidar y cultivar el mundo creado. Esta noción se basa en la llamada bíblica al ser humano para que actúe como custodio de la creación, mostrando que el uso de la inteligencia está ligado a una misión ética y espiritual.

¿Cuál es el papel de la ética en el desarrollo y uso de la IA?

Un tema esencial es el de la ética en la IA. La Nota afirma que la ética no debe verse como un obstáculo al progreso, sino como una guía que permita a la IA potenciar la libertad, la dignidad humana y el bien común. Para ello propone criterios que incluyen:

Respeto de la dignidad humana: las tecnologías deben promover la persona, no reducirla a funciones cuantificables.

Justicia y equidad: evitar sesgos algorítmicos y discriminación.

● Transparencia y responsabilidad: desarrollar sistemas comprensibles y responsables.

Protección de la privacidad y del bien común: asegurar que la IA no socave libertades fundamentales.

Además, se tratan áreas específicas de preocupación, como el impacto de la IA en la educación, el trabajo, la salud, la economía, la vida social y las relaciones humanas. En cada caso, se propone que la tecnología sea herramienta para favorecer la participación humana, no reemplazarla.

¿Cuáles serían las conclusiones de la nota Antiqua et Nova?

La Nota concluye recordando la invitación del Papa Francisco a desarrollar una “sabiduría del corazón”: una forma de inteligencia que integra conocimiento, amor y virtud espiritual. Este tipo de sabiduría permite enfrentar los desafíos de la IA con una mirada que no se reduce a datos o funcionalidad técnica, sino que busca el bien verdadero de la persona y la comunidad.

El documento invita a no ver la IA como amenaza absoluta, sino como oportunidad para reafirmar la singularidad humana: su capacidad para buscar la verdad, establecer relaciones significativas y vivir una vida orientada hacia el bien común y la trascendencia.


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