La verdad que no entiendo el enfado de la gente con la nueva normativa relativa a los artistas callejeros de Bilbao. Ya sabéis, esa que viene a regular el espacio público y que va a impedir que los artistas callejeros usen amplificadores para hacer música, prohíbe la presencia de actuaciones callejeros en el Casco Viejo y en la Gran Vía, y limita a tres personas este tipo de espectáculos, casi nada.
Dicen los artistas que con semejantes restricciones es imposible que pervivan estas expresiones artísticas y que el «teatro, la danza, el circo y la música callejera se encuentran al borde de la extinción si terminan aprobándose».
No entiendo como digo tanto pesimismo, sabiendo como sé, que estas disciplinas están plenamente garantizadas a futuro en nuestra querida villa. El pasado domingo por ejemplo, lo vi con mis propios ojos, en plena Plaza Nueva, un músico con un acordeón iba paseando por la zona exterior de terrazas tocando el instrumento y raudos y veloces aparecieron dos empleados de una de las cafeterías a modo de directores de circo, trajeados con botones dorados, para decirle que ellos ya le habían advertido anteriormente que ahí no podía estar él, que molestaba. Por “ahí” se referían al espacio público, ese mismo que la cafetería estaba ocupando con mesas, sillas, sombrillas y un montón de turistas alemanes. Y me pareció precioso, porque el pobre músico tuvo que hacer gala de unas dotes de equilibrismo digno del cirque du soleil para esquivar esa zona de la plaza y seguir trabajando.
Dicen que el arte callejero está en peligro, ¿pero no es acaso cierto que buena parte de nosotros debemos también exhibir nuestras dotes de trapecistas para atravesar calles enteras petadas de terrazas con un carrito de bebé? ¿No son acaso los manteros que venden camisetas de futbol, al único precio justo posible, unos artistas experimentados en la noble disciplina del escapismo cuando son perseguidos por los municipales como en aquellas pelis en blanco y negro de Buster Keaton?
Que el arte está en peligro, ¡dicen! ¿No son acaso los propios hoteles de Bilbao unos avezados malabaristas de los precios flexibles, que son capaces de manejar varios precios a la vez según habitación, oferta y demanda pero a la vez manteniendo siempre el mismo sueldo para sus trabajadores?
¿No son los grandes fondos buitres internacionales, que anidan en nuestra villa para comprar baratos edificios y expulsar a sus inquilinos con precios imposibles, quienes entonan más alto y claro la perversión de nuestro tiempo? Mirad, escuchad cómo cantan: SONIDO BUITRE…
¿No es acaso el dueño y capitán del mundo el máximo rey de lo payasos?…
En peligro dicen, ¡ja! Las disciplinas artísticas están plenamente blindadas, exclusivamente para el gran circo mundial de los horrores del capital, sí, ese que nos hace pasar por el aro de fuego como tigre cautivo, correcto, pero tristemente blindadas!
Feliz lunes a todos eta gora Bilboko kaleko artistak!
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