En esta nueva etapa de TOURrescusa, el equipo formado por Markel y Iker ha puesto rumbo a Ziortza-Bolibar para descubrir una de las joyas más impresionantes de nuestro patrimonio: el Monasterio de Zenarruza. A los pies del monte Oiz, este enclave no es solo un monumento nacional, sino un testigo vivo de la historia de Bizkaia y un refugio espiritual que ha visto pasar peregrinos durante siglos.
Para entender la esencia de este lugar, hemos conversado con su prior, Antonio María Martín, quien nos ha abierto las puertas de esta comunidad cisterciense.
Un tesoro arquitectónico único
Al llegar, lo primero que impone es la historia que rezuman sus piedras. Como nos explica el prior, Zenarruza es una mezcla de lugar religioso, monumento histórico y bien cultural. Pero si hay algo que lo hace especial son sus rarezas arquitectónicas:
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El Claustro: Posee un claustro plateresco que Antonio María define cariñosamente como «miñón» (pequeñito), pero que ostenta el título de ser el único de este estilo arquitectónico en toda Bizkaia.
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El Órgano: La colegiata alberga un órgano barroco de principios del siglo XVII, considerado el único de todo el País Vasco con estas características.
El Camino de Santiago como arteria vital
Zenarruza no se entiende sin el Camino de Santiago. Históricamente, este lugar ha cobrado su importancia gracias a la ruta jacobea costera. De hecho, el camino atraviesa literalmente el «patio» del recinto, convirtiéndolo en una parada obligatoria llena de vida, comercio y peregrinaje a lo largo de los siglos. Aunque antaño fue colegiata y parroquia, tras su restauración en 1987, el lugar renació convertido en el monasterio cisterciense que conocemos hoy.
La Hospedería: Un refugio para el alma
Uno de los servicios más demandados y curiosos que hemos descubierto es su hospedería. Funciona de manera independiente a la vida de los monjes, casi como un «pequeño hotel barato» con capacidad para unas 20 personas. El perfil del visitante es variado: desde grupos de meditación y personas que buscan unos días de retiro y silencio, hasta turistas que aprovechan el verano para conocer el entorno natural de Bizkaia. Eso sí, la oferta es clara: es un espacio de soledad y silencio ambiental para «escucharse a uno mismo».
Ora, labora… y repostería
La comunidad mantiene viva la tradición del «ora et labora». Aunque su capacidad de producción se ha visto reducida últimamente, los monjes siguen elaborando bizcochos y pastas en su pequeño obrador, productos que los visitantes pueden adquirir en la tienda del monasterio.
Zenarruza se despide de nosotros ofreciendo lo que promete: un espacio diferente, donde la historia del arte se funde con la espiritualidad y el silencio de la naturaleza vizcaína.
