Trumpismo en las redes sociales del fútbol

Varios clubes de primera y segunda división utilizan sus redes sociales para criticar a rivales, árbitros o crear escenarios favorables

Hubo un tiempo en el que las cuentas oficiales de los clubes de primera división eran sinónimo de buenas artes, institucionalidad, mensajes diplomáticos hasta el punto de la rozar el exceso de mesura. Pero eso es parte del pasado.

De un tiempo a esta parte, la práctica totalidad de los equipos profesionales utilizan sus redes sociales para enviar mensajes con carga de profundidad. Un error arbitral, un comentario fuera de contexto de un rival o cualquier excusa es buena para tratar de mediatizar los compromisos.

Las redes sociales oficiales de equipos de primera y segunda división han abrazado una huida hacia un trumpismo comunicativo que en nada ayuda a sostener los, cada vez más diezmados, valores del deporte.

Dinero en juego

El clickbait se ha convertido en claro objetivo de las cuentas profesionales. LaLiga destina una parte importante del reparto televisivo a los clubes con mayor interacción en redes sociales. A mayor repercusión en Twitter, Facebook e Instagram mayores ingresos.

Un objetivo loable de difusión del fútbol que destruye su esencia al mezclarlo con claros mensajes señalando errores arbitrales. He aquí algunos ejemplos:

El presidente del Comité Técnico de Árbitros (CTA), Luis Medina Cantalejo, en una rueda de prensa en la Ciudad del Fútbol de la RFEF en Las Rozas (Madrid) daba cuenta de las amenazas de los ultras del Betis calificándolas como «Lo más sucio que he vivido«. «Han llamado maricones a mi familia. Desde dentro del Betis han usado las RRSS para meter más gasolina. Esperarían que hubieran quemado a mis hijos…», aseguró ante los medios de comunicación.

Como en los superhéroes de Marvel: «Un gran poder conlleva una gran responsabilidad». Bien harían todos los actores implicados en el negocio multimillonario del fútbol en mirar más allá de sus propios intereses. Es necesario cuidar un producto que llena de alegrías a millones de personas, pero a la vez saca lo peor del ser humano. Recuperemos los valores del deporte y huyamos del trumpismo comunicativo cortoplacista.

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