Cualquiera que haya poteado por el Casco Viejo conoce el desafío de levantar un txikito. Esos vasos de vidrio grueso, pesados y contundentes, son un símbolo de Bilbao. Pero, ¿por qué pesan tanto? ¿Es solo para que parezca que hay más vino? La respuesta, tal y como le ha contado Haizea Uribelarrea a Iker Torrescusa, no tiene nada que ver con el vino, sino con la luz.
En un momento de la entrevista, la directora del Museo de la Minería sostiene uno de estos vasos originales y destaca su característica principal: «Pesa un montón, pesan bastante porque todo esto es vidrio».
De lámpara de aceite a vaso de vino
La historia que esconde este objeto es puro ingenio bilbaíno. Según explica Uribelarrea, estos recipientes nacieron originalmente como «elementos que se utilizaron para iluminar» las calles ante un evento muy especial: la visita de la Reina.
La historia se refiere a la visita de la reina Victoria Eugenia de Battenberg (esposa de Alfonso XIII) en 1929. El Ayuntamiento de la época quiso tirar la casa por la ventana e iluminar su recorrido. «Se llenaron de aceite», cuenta Haizea, funcionando como lamparillas o candiles que daban un ambiente mágico a la ciudad.
El reciclaje a la bilbaína
¿Qué pasó cuando la Reina se marchó y se apagaron las luces? Lejos de tirar esos cientos de recipientes de cristal macizo, los taberneros locales les dieron una segunda vida.
«Al día siguiente, después de que se fueran, los utilizaron como vasos en los bares del Casco Viejo», relata Haizea. Y así, lo que nació para dar luz, acabó sirviendo para dar alegría en las barras, convirtiéndose en el vaso más icónico —y pesado— de nuestra historia.
Una anécdota que nos recuerda que en Bizkaia, hasta para reciclar, tenemos nuestro propio estilo.