La confianza de los hogares vascos se mantiene,en el segundo trimestre del año, en valores negativos (-9) en línea con los trimestre precedentes y se constata que se encuentran en una situación de esceptismo y «muy cerca de entrar en el pesimismo» debido a la incertidumbre geopolítica «exacerbada» y la «problemática social interna» y, a pesar de existir un contexto laboral y económico «positivo y resiliente». Estos datos se incluyen en el estudio de confianza de los hogares vascos del segundo trimestre de 2026 elaborado por el Departamento de Estudios de Laboral Kutxa. El análisis se ha elaborado tras realizar encuestas a 800 personas en Euskadi, del 11 al 22 de mayo de 2026, en el segundo trimestre de este año.
De acuerdo con el estudio de la cooperativa de crédito, en el segundo trimestre de 2026, el índice de confianza de los hogares vascos (-9) es similar al obtenido en los dos trimestres precedentes (-9 y -8, en el cuarto trimestre de 2025 y el primero de 2026). Por lo tanto, los hogares vascos confirman su escepticismo, «lastrado por la incertidumbre» de los últimos años que suma la «inestabilidad» generada por la guerra de Irán, cuyo plazo de resolución definitiva «condiciona las perspectivas de la actividad económica y del empleo».
Además, se apunta que este escepticismo refleja también la percepción de deterioro en factores socialmente relevantes y cotidianos como sanidad y vivienda) y en la credibilidad en la estructura social (política interna, procesos judiciales). La evolución registrada entre el primer y segundo trimestre de 2026 sitúa a los hogares del Estado (-6) y de la Comunidad Autónoma Vasca (-9) en el escepticismo, mientras que los hogares de Dinamarca (-14), UE-27 (-19), Francia (-21), Alemania (-19) y Países Bajos (-23) «son claramente pesimistas» y, además, se acercan a los «peores resultados» de 2020.
El informe señala que los hogares europeos están «sobrepasados» ante un escenario que lejos de mejorar, «empeora, con unas expectativas condicionadas por la anticipación del deterioro de su estado del bienestar». En el caso concreto de los hogares vascos, su confianza sigue lastrada, en primer lugar, por las negativas expectativas sobre la marcha de la economía general (-26), «ciertamente desacopladas con respecto de la trayectoria del crecimiento económico y del empleo, notoriamente positivas», y, en segundo lugar, por las expectativas sobre la marcha de la economía del hogar (-11).
Frente a este balance negativo, los hogares vascos son casi optimistas con relación al desempleo (-2) y confirman su capacidad de ahorro (+4), siendo los dos indicadores que «compensan y tiran al alza de la confianza», aunque no consiguen que revierta en valores positivos. Según el análisis de Laboral Kutxa, estas expectativas se construyen en un contexto laboral «robusto», ya que la afiliación de Euskadi está «en máximos históricos» (1.042.680 afiliaciones en mayo, 13.531 cotizantes más que hace un año) y el paro registrado sigue en descenso (103.733 personas en mayo, siendo el mejor dato en 17 años).
Además, el PIB en Euskadi ha crecido «de forma sostenida» por encima del 2% en los últimos cinco trimestres, aunque apunta a la inflación como la «sombra del escenario», con un +3,2%, en el IPC general de Euskdi en abril, sin «terminar de volver a una senda del 2%». En este contexto, la valoración del momento de compra (-21) sigue siendo negativa mientras que el índice de expectativas de realización de compras es positivo (+1) y la intención de compra de vivienda y vehículo se mantiene en niveles parecidos (1,4% y 5,6% de los hogares que señalan esta potencial compra).
Según Laboral Kutxa, son expectativas alineadas con el dinamismo en la compra-venta de viviendas (6.748 operaciones en el primer trimestre; -0,2%) y la venta de vehículos nuevos aumenta (+4,2%, 9.252 vehículos, en el acumulado enero-abril) en Euskadi.
Por último, los hogares vascos son realmente pesimistas (-28) con respecto de la evolución de los precios, factor al que «son altamente sensibles», reflejando «la percepción de la rápida traslación al consumidor del incremento de los costes (precio del petróleo, por ejemplo) y, sobre todo, del aumento continuado de los precios de los productos cotidianos, que no se percibe de igual forma cuando descienden». Por lo tanto, Laboral Kutxa señala que, en la primera mitad de 2026, los hogares vascos confirman su escepticismo, lastrado por una incertidumbre geopolítica exacerbada a la que se suma la problemática social interna, factores compartidos con los hogares europeos.
Este deterioro de la confianza coexiste con un contexto laboral y económico «positivo y resiliente», siendo el lastre fundamental la evolución de la inflación. En este sentido, Laboral Kutxa señala que los hogares vascos afrontan el verano dentro del escepticismo, pero «muy cerca de entrar en el pesimismo», progresión que dependerá de «la contención de la incertidumbre y la inflación y del sosiego político».