El nuevo atrio del Museo de Bellas Artes de Bilbao se presenta como un espacio amplio, luminoso y abierto, marcado por los grandes ventanales que conectan visualmente el interior del edificio con el entorno urbano. La intervención ha transformado esta zona en un gran espacio de bienvenida, en el que conviven la arquitectura histórica del museo y las nuevas estructuras incorporadas durante su ampliación y renovación.
Uno de los cambios más visibles es la ubicación de la escultura que anteriormente se encontraba en el exterior, en la calle, y que ahora ha pasado a formar parte del interior del museo. Es el Monumento a Juan Crisóstomo de Arriaga, obra de Francisco Durrio. El conjunto representa a Euterpe, musa de la música, en actitud de duelo por la muerte prematura del compositor bilbaíno Juan Crisóstomo de Arriaga.
La pieza ocupa un lugar destacado en el centro del atrio, convirtiéndose en uno de los primeros elementos que encuentran los visitantes al acceder al edificio y reforzando la integración de las obras de arte en los nuevos espacios del Bellas Artes de Bilbao.