Preservar y poner en valor la cultura, el aprendizaje y la lectura debería ser una prioridad indiscutible. La lectura es crucial para el desarrollo del pensamiento. Sin embargo, de un tiempo a esta parte venimos escuchando con frecuencia que nuestros jóvenes, niños y adolescentes no leen. Aunque desde siempre nos han enseñado que hay que leer cuentos, novelas, ensayos, la realidad es que una parte importante de las nuevas generaciones no lo hace. Y esto, lamentablemente, se asocia a un déficit de comprensión lectora que nos perjudica a todos como sociedad.
Hoy queremos profundizar en esta realidad y lo vamos a hacer apoyándonos en quienes llevan muchos años formando a los futuros maestros y maestras, que tendrán que ser capaces de inculcar a sus alumnos y alumnas el aprender a disfrutar de la lectura. Entrevistamos a Roberto Mielgo, profesor e investigador del Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura de BAM (Begoñako Andra Mari Irakasleen Unibertsitate Eskola).
La lectura regular en niñez y adolescencia está asociada a un mejor desarrollo cognitivo. La falta de lectura va mucho más allá de un hábito de ocio desatendido; incide directamente en nuestra capacidad de pensamiento crítico. Según Roberto, el devenir reciente del mundo evidencia lo indefensos que estamos cuando nuestra capacidad para leer e interpretar lo que otros expresan no es adecuada: nos volvemos más vulnerables a la manipulación, a la polarización y a una alarmante simplificación del pensamiento. Y esto tiene mucho que ver con la relación que la lectura y el lenguaje tienen con el pensamiento. Ya que un pensamiento de alto rango exige un uso del lenguaje de alto rango, una cualidad que históricamente nos han aportado la lectura y la escritura. Quedarse en un uso superficial, simplificado o empobrecido del lenguaje conduce, irremediablemente, a un pensamiento simplificado y peligroso.
Posibles vías y soluciones
El ejemplo es el único discurso que no necesita palabras. Frente a la posibilidad de que los menores no lean en casa por falta de ejemplo, Roberto introduce un matiz histórico de peso. En su opinión, antiguamente la mayor parte de la población no sabía leer y ese referente no existía en casa. Hoy en día, tras haberse erradicado prácticamente el analfabetismo en las sociedades desarrolladas, se asume erróneamente que si sabes leer deberías incorporar la lectura a tu rutina diaria. Aun así, según Roberto, cuando a un niño se le insiste en que debe leer pero no ve ese hábito en su entorno, se impone el clásico »haz lo que digo, pero no lo que hago», un discurso que difícilmente convencerá al menor ni fomentará su hábito por la lectura.
Pensamos que es crucial para los jóvenes disfrutar leyendo. Y a la hora de delimitar responsabilidades en la escuela, nos explica Roberto que es muy importante diferenciar entre dos procesos: por un lado, el desarrollo técnico de la competencia lectora, enseñar a leer y forjar lectores competentes; y por otro, despertar la atracción por leer. En este segundo aspecto, la escuela tiene responsabilidad pero tienen más responsabilidad otros agentes, como la familia o la sociedad. Como bien apunta el docente, mientras cualquier estreno cinematográfico satura las pantallas con avances publicitarios durante semanas, rara vez se promocionan o visibilizan las novedades editoriales. A pesar de que la mayoría somos conscientes de la importancia de leer, falta en la sociedad más difusión de la lectura y del disfrute asociado a la misma.
A este respecto, la recomendación es una labor de la que poco se habla pero que nos resulta crucial. Y no es nada fácil para padres o profesores acertar. Qué diferente es recomendar el libro acertado o el equivocarte en recomendar un libro a tu hijo que no es adecuado para su edad. En esta dirección, en cuanto a recomendar bien para encontrar la motivación de los jóvenes, nos comenta Roberto que se ha cometido el error de asociar la motivación por leer exclusivamente con la diversión. Porque existen pasiones, motivaciones que exigen una enorme dosis de esfuerzo y superación, como quien se entrena durante años para subir una gran cumbre. Y en el fomento de la lectura deberíamos enseñar a valorar el esfuerzo del reto intelectual: para descubrir segundos sentidos, interpretar metáforas o disfrutar del juego que propone el texto. Resultará de gran valor a los más jóvenes para completar el aprendizaje y desarrollo de su comprensión lectora.
Respecto a las caídas generalizadas en las pruebas de evaluación internacional de la comprensión lectora, sobre todo tras la pandemia, recogidas en los informe PISA, Roberto Mielgo señala que este descenso vertiginoso no es exclusivo del sistema educativo español o vasco, sino que es una tendencia hacia una caída en picado en toda la OCDE. Por ello, según Roberto, antes de responsabilizar únicamente a las escuelas o tachar de vagos a los estudiantes convendría analizar, tanto las transformaciones sociales de los últimos años como la vigencia de los propios modelos de evaluación de dicha prueba.
De cara al futuro, Roberto nos traslada su deseo y convicción de que la lectura seguirá siendo una necesidad indispensable: la relajación colectiva nos ha dado ‘’un buen susto’’ respecto a la necesidad de aprender a leer y escribir, y ahora toca reaccionar e investigar cómo reconstruir estas competencias enriquecedoras, para construir una sociedad con un necesario espíritu crítico.
Respecto a los futuros maestros y maestras que hoy se forman en BAM, Roberto nos confiesa que se encuentran en pleno proceso de transición: son parte de esta sociedad consumista que se transforma a pasos agigantados, pero asumen y descubren la enorme responsabilidad de educar a las generaciones venideras en la importancia de la lectura.
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