El escritor y periodista Francesc Soler ha analizado en Radio Popular-Herri Irratia la atracción que determinados criminales han despertado entre parte de la sociedad y el papel que juegan la belleza, las redes sociales y el true crime en esa fascinación. Su libro Los asesinos guapos. La oscura fascinación por Luigi Mangione y otros criminales bellos pone el foco en figuras como Luigi Mangione, Ted Bundy, Charles Manson o Daniel Sancho, pero también en un fenómeno que, según advierte, puede terminar desplazando a las víctimas del relato.
De enamorarse del «malote» a la hibristofilia
Soler ha explicado que la fascinación por criminales violentos no es un fenómeno nuevo. Uno de los conceptos que aborda en el libro es la hibristofilia, una parafilia que describe la atracción romántica o sexual hacia personas que han cometido delitos graves.
Esta atracción puede adoptar diferentes formas. En algunos casos, ha señalado, la violencia se ha asociado a ideas como la hipermasculinidad, el peligro o la aventura. En otros aparece una voluntad de «salvar» o transformar al criminal.
«Hay otro tipo de amor, que es un amor que quiere ser maternal, que quiere ser reparador», ha explicado Soler. Esa persona puede pensar que el delincuente ha tenido una infancia complicada o que gracias a su amor conseguirá cambiarlo. El periodista lo ha resumido con ironía: «Spoiler, eso casi nunca pasa«.
Las redes sociales han añadido una nueva dimensión. Soler ha citado tendencias como Write a Prisoner, que permiten establecer contacto por carta con personas encarceladas y que, en algunos casos, han terminado funcionando de una manera similar a una aplicación de citas.
El efecto halo: cuando la belleza hace bajar la guardia
Una de las claves de Los asesinos guapos es el denominado efecto halo, un sesgo cognitivo por el que tendemos a atribuir características positivas a alguien simplemente porque nos resulta atractivo.
«Cuando nosotros vemos a una persona atractiva, automáticamente pensamos que esa persona también es confiable, inteligente, exitosa y bondadosa», ha señalado.
Para Soler, este mecanismo se vuelve especialmente preocupante cuando entra en juego el crimen. «Cuando vemos a alguien atractivo tendemos a bajar la guardia porque pensamos que es confiable«, ha añadido.
El periodista considera que determinadas producciones de true crime pueden potenciar esta percepción cuando centran la historia en el aspecto físico, la personalidad y la biografía del criminal mientras las víctimas ocupan cada vez menos espacio.
Luigi Mangione y el nacimiento de un «asesino guapo»
El caso de Luigi Mangione ocupa un lugar central en el libro. Soler ha explicado cómo la conversación pública sobre el asesinato del máximo responsable de una gran aseguradora sanitaria estadounidense ha cambiado rápidamente de enfoque.
En un primer momento, Mangione ha aparecido vinculado en determinados discursos a la figura del justiciero que se enfrenta a los abusos del sistema sanitario estadounidense. Sin embargo, Soler sostiene que en cuestión de días las redes sociales han desplazado buena parte de la conversación hacia su físico.
Las imágenes que el joven había publicado anteriormente —en la playa, con amigos o durante su etapa universitaria— han empezado a acompañar las informaciones sobre el caso.
«Una cara bonita nos cuesta mucho interpretar que pueda ser la cara de un asesino«, ha afirmado Soler.
El fenómeno ha llegado a productos, memes, concursos de imitadores e incluso tartas con su rostro. Ese límite entre la libertad de expresión, la broma y la posible banalización o glorificación de la violencia constituye, para el autor, una de las zonas grises más difíciles de gestionar en las plataformas digitales.
Daniel Sancho y el «privilegio de la belleza»
Soler también ha dedicado parte de su análisis al caso de Daniel Sancho, condenado en Tailandia por la muerte de Edwin Arrieta. El periodista considera que se trata de un ejemplo especialmente claro de cómo la imagen pública puede influir en el relato.
Ha utilizado el concepto de «pretty privilege» o privilegio de la belleza para describir el tratamiento que ha recibido el caso en determinados momentos. Fotografías anteriores al crimen, en las que Sancho aparece cocinando, practicando deporte o disfrutando de la playa, han continuado acompañando numerosas informaciones.
Soler considera que esto ha contribuido a alterar el protagonismo de la historia: «El asesino se victimiza y la víctima se convierte casi en un agresor«.
El periodista ha advertido también de la banalización que se ha producido en redes sociales, donde se ha llegado a comentar su físico, su pelo o su rutina de gimnasio mientras el asesinato quedaba relegado a un segundo plano.
Cuando las víctimas desaparecen del relato
Este desplazamiento constituye una de las principales preocupaciones del escritor. Cuanto más atractivo y carismático resulta el criminal, mayor puede ser el riesgo de que la atención se concentre en él y no en las personas asesinadas.
Soler ha puesto como ejemplo a Ted Bundy, cuya figura ha sido interpretada en la ficción por Zac Efron. Para el autor, elegir a un actor conocido por su atractivo físico puede reforzar la sexualización de la figura del asesino.
Frente a esa tendencia, ha recordado iniciativas que han recuperado los nombres y fotografías de las víctimas para devolverles protagonismo. «Yo creo que siempre hay que tener muy presente a las víctimas«, ha subrayado.
También ha mencionado el caso de los hermanos Menéndez, otro ejemplo de cómo el interés mediático y las nuevas producciones audiovisuales han reactivado la fascinación por los autores de un crimen décadas después.
El true crime ante sus propios límites
Soler no plantea eliminar el género, sino analizar cómo se cuentan estas historias. El problema aparece cuando la narración transforma al criminal en protagonista absoluto, construye alrededor de él una estética atractiva y convierte a quienes han sufrido el crimen en poco más que un nombre.
Las redes sociales han acelerado ese proceso. Fotografías, vídeos, memes y comentarios pueden construir en cuestión de horas una narrativa completamente distinta a la de los hechos que han originado el caso.
Los asesinos guapos, publicado por Alrevés, recorre estos fenómenos a partir de casos muy conocidos y de conversaciones con especialistas para explorar por qué la belleza, el carisma y la exposición mediática pueden modificar nuestra percepción de quienes han cometido delitos violentos.
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