La gente ya no sabe parar de pensar. Aunque darle vueltas a las cosas es una constante en la historia humana, la digitalización ha multiplicado las formas de alimentar ese bucle mental constantemente. Hoy en día, el término anglosajón overthinking se ha popularizado para definir este fenómeno, que en psicología se asocia estrechamente —aunque con matices— a la rumiación mental. Mientras que el overthinking implica pensar en exceso, analizarlo todo y anticipar escenarios futuros, la rumiación es ese pensamiento repetitivo, circular y más difícil de soltar.
El impacto silencioso en la salud mental
«El overthinking aparece incluso por encima de la ansiedad y el estrés como uno de los problemas más frecuentes en jóvenes». Investigaciones recientes demuestran que este tipo de pensamiento repetitivo está directamente relacionado con más ansiedad, más estrés y peor bienestar psicológico. Vivimos en la época perfecta para alimentar este ciclo: la falta de momentos de aburrimiento o silencio se combate de inmediato cogiendo el móvil, buscando opiniones en internet o comparándose en redes sociales. Esto empuja al cerebro a un bucle constante de análisis bajo la falsa premisa de que pensar más ayudará a resolver el problema, cuando en realidad aumenta el malestar emocional.
Perfiles funcionales y respuestas corporales
Este problema no siempre es visible externamente. Existen personas superfuncionales que parecen tranquilísimas pero que por dentro mantienen la cabeza funcionando sin parar, lo que genera un gran agotamiento mental y físico, derivando en insomnio, tensión muscular o dificultad para concentrarse.
Para combatirlo, la ciencia apunta a prácticas como la meditación y el yoga:
La meditación ayuda especialmente con la rumiación mental y el exceso de pensamiento.
El yoga ayuda más a bajar la activación física y el estrés corporal.
Incluso se está explorando el uso de la inteligencia artificial para detectar estos patrones de pensamiento excesivo a través del análisis de la voz y el lenguaje.
El pensamiento como herramienta, no como prisión
Es fundamental recalcar que pensar mucho no significa necesariamente tener un problema psicológico. Pensar, cuestionarse o preocuparse forma parte del ser humano. El problema es cuando el pensamiento deja de ser una herramienta y se convierte en una cárcel.
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