Entrevista al CSIC por investigación de incursiones de osos en pueblos

Cuando lo repite un mismo ejemplar, "puede estar sucediendo un proceso de habituación"

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El CSIC estudia las incursiones de osos en los pueblos: «Hacerte grande, hablar con calma, que te vea, que te sienta»

Oso pardo cantábrico / CSIC

Más de la mitad de las 73 incursiones de osos pardos en pueblos de la cordillera Cantábrica que han sido analizadas en una investigación del CSIC han estado relacionadas con la búsqueda de alimento. Los árboles frutales, las pequeñas huertas y otras fuentes de comida próximas a las viviendas se han convertido en un atractivo para unos animales cuya población se está recuperando desde hace décadas.

La conversación se ha emitido en el programa EgunON Magazine

El investigador Manuel Díaz Fernández, primer autor del estudio, ha explicado que el aumento de estos acercamientos se produce en un contexto en el que coinciden varios factores. Hay más osos, pero también han cambiado los pueblos de montaña y su entorno. Se recoge menos fruta, han disminuido algunos trabajos agrícolas y ganaderos y el bosque se encuentra cada vez más próximo a las localidades.

73 incursiones documentadas, aunque puede haber muchas más

Para realizar la investigación, el equipo ha contactado con administraciones y guardería medioambiental, ha recopilado anotaciones realizadas por agentes durante años y ha completado la información con visitas a los propios municipios.

Los investigadores han hablado con vecinos, alcaldes y guardas, además de consultar informaciones aparecidas en prensa. De esta manera han conseguido reunir 73 casos, una cifra que, según Díaz Fernández, no representa necesariamente todas las incursiones que se han producido.

Algunos ejemplares entran durante la noche y pueden pasar completamente desapercibidos, por lo que existen episodios que nunca han llegado a registrarse.

Frutales junto al bosque, un alimento fácil de conseguir

Los casos analizados se concentran especialmente en zonas del norte de León y el sur de Asturias, donde muchas viviendas disponen de una pequeña huerta y varios árboles frutales. En algunos municipios, además, las casas se encuentran prácticamente junto al bosque.

Las incursiones se han producido principalmente durante la noche, cuando disminuye la actividad humana, y los investigadores han observado que algunos de los ejemplares implicados parecen ser osos jóvenes.

Díaz Fernández ha apuntado que estos animales pueden tener menos experiencia a la hora de encontrar alimento de forma natural. Al mismo tiempo, el crecimiento de la población puede provocar una mayor competencia con ejemplares adultos y favorecer que algunos jóvenes se desplacen hacia zonas próximas a los pueblos.

La comida predecible cambia el comportamiento de los animales

El investigador ha señalado que la situación responde a una cuestión de riesgo y beneficio para el propio animal. Los árboles frutales, las basuras o las colmenas pueden proporcionar fuentes de alimento que, a diferencia de las naturales, permanecen siempre en el mismo lugar.

«Si tienen un aliciente de conseguir energía y alimento acercándose a nosotros, pues lo van a hacer», ha explicado.

Este comportamiento tiene paralelismos con fenómenos que ya se observan en otros animales. En Bizkaia, por ejemplo, la presencia de jabalíes en zonas urbanas o próximas a contenedores se ha hecho cada vez más conocida.

Cuando el oso pierde el miedo a las personas

Uno de los aspectos que más preocupa a los especialistas aparece cuando un mismo ejemplar repite sus acercamientos. En estos casos puede producirse un proceso de habituación, por el que el oso va perdiendo progresivamente su instinto de huida ante la presencia humana.

«Esto no quiere decir que les vayan a atacar, ni mucho menos, lo quiero recalcar», ha subrayado Díaz Fernández.

El investigador ha recordado que los ataques de osos en la cordillera Cantábrica son muy poco frecuentes. Incluso algunos de los escasos incidentes registrados han consistido más en cargas o situaciones en las que una persona se ha caído por el impacto o el susto provocado por la presencia del animal que en ataques propiamente dichos.

Qué hacer si aparece un oso

Las recomendaciones difundidas para las zonas con presencia de osos pasan por no dejar comida ni desperdicios accesibles, recoger los residuos y evitar seguir el rastro de un ejemplar.

Ante un encuentro, se recomienda hacerse visible, hablar con calma y permitir que el animal detecte la presencia de la persona. La reacción habitual del oso cuando percibe a un ser humano es alejarse.

La situación requiere, no obstante, una especial atención cuando un animal entra repetidamente en un núcleo habitado y empieza a perder ese comportamiento de huida. Para estos casos existen protocolos destinados a espantar a los ejemplares y evitar que continúen entrando en los pueblos.

Osos que pueden superar los 200 kilos

El tamaño del oso pardo cantábrico también obliga a tomarse estos episodios con precaución. Los machos pueden superar los 200 kilos, por lo que los investigadores consideran necesario impedir que las incursiones en zonas habitadas lleguen a normalizarse.

Una de las medidas preventivas más importantes pasa por dificultar el acceso a las fuentes de alimento que provocan los acercamientos.

«Sin alimento disponible o que puedan alcanzar, van a dejar de acercarse a los pueblos los individuos que lo hagan», ha señalado Díaz Fernández.

Evitar que aumente el rechazo al oso

La recuperación del oso pardo ha convertido a la especie en un símbolo para numerosos territorios rurales de la cordillera Cantábrica, pero el investigador ha advertido de que un incremento de los incidentes sin una respuesta adecuada puede modificar la percepción de las poblaciones que conviven con estos animales.

«Queremos convivir con ellos, que siga recuperándose la población y también que nos afecte de la menor manera posible», ha afirmado.

Díaz Fernández ha defendido para ello la participación conjunta de comunidad científica, administraciones y habitantes del medio rural. En el caso de especies como el lobo, además de medidas preventivas como el apoyo a pastores o perros de guarda, ha señalado la importancia de disponer de sistemas ágiles y justos de compensación por los daños ocasionados a la ganadería.

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