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"El Papa no es solo una figura religiosa, es un mensajero con una propuesta humanista y reconocimiento público", recalca el obispo de Bilbao

Una reflexión profunda sobre migración, fe y geopolítica con Joseba Segura

Podcast Social y religión

«El Papa no es solo una figura religiosa, es un mensajero con una propuesta humanista y reconocimiento público», recalca el obispo de Bilbao

La reciente actualidad sociopolítica y eclesial ha dejado reflexiones de hondo calado en el programa EgunOn Bizkaia. El obispo de Bilbao, Joseba Segura, ha compartido sus impresiones sobre los temas más espinosos que sacuden tanto a la sociedad vasca como al panorama internacional, desde la intensidad de las agendas institucionales hasta el drama humanitario de las fronteras.

El eco de la visita papal y el choque político

La densa agenda de la visita de León XIV y su posterior viaje a Canarias han centrado el inicio del análisis. Segura no ha ocultado la complejidad de encajar estos eventos en la realidad política, donde a menudo los mensajes eclesiales chocan con las dinámicas de partidos. «Es posible darle 7 minutos de ovación y luego votar exactamente lo contrario a lo que el Papa estaba promulgando. Eso estaba previsto que podía pasar, y pasó», ha constatado con realismo, aludiendo a la confrontación que domina la política actual. El obispo ha defendido la legitimidad de las intervenciones papales en sedes parlamentarias, recordando que el Papado posee un reconocimiento que va más allá de lo estrictamente religioso: «El Papado, como mensajero de una propuesta humanista, tiene un cierto reconocimiento no solamente en el ámbito de la vida privada, sino también en el ámbito público».

La encrucijada migratoria: Humanismo contra el «pacto de la vergüenza»

El punto más crítico de la entrevista ha abordado las políticas migratorias, especialmente tras el reciente reglamento de inmigración y asilo aprobado por Europa. Segura ha contrapuesto esta dureza institucional con el valor de la migración para el tejido social y económico europeo. Asimismo, el prelado ha advertido sobre el peligro de los discursos populistas que simplifican la historia y siembran el miedo: «El bando que está creciendo es ese que mira la migración con miedo y que mira la migración cada vez más con un deseo de intentar afirmar una determinada identidad contra la de los que llegan». Frente a la proliferación del discurso del odio en redes sociales, el obispo ha sido tajante: «Nosotros no nos vamos a mover de esta: la dignidad de todas las personas es la misma porque todos somos hijos de un mismo creador«. Aunque ha reconocido la necesidad de leyes, ha insistido en que «los estados no pueden constituirse como murallas para defenderse de otras personas».

El laberinto de Ucrania y Gaza: ¿Hacia un cambio geopolítico?

Como experto en el análisis de conflictos y la teoría de la guerra justa, Segura ha aportado una visión sombría pero analítica sobre la situación en Gaza, donde se ha denunciado el «auténtico genocidio» en curso. A pesar de la desolación, el obispo ha atisbado ciertos movimientos, citando declaraciones del vicepresidente estadounidense JD Vance sobre los límites de la estrategia israelí. «Un país pequeño no puede pretender arreglar todos los temas matando a los enemigos«, ha recordado Segura, sugiriendo que el conflicto con Irán y los últimos acontecimientos están forzando «un cambio profundo en lo que es la geopolítica mundial», resquebrajando la idea de una sola potencia absolutamente dominante.

¿Un «renacer» religioso en Euskadi?

Finalmente, al ser preguntado sobre si existe un rebrote de la religiosidad en la sociedad vasca, el obispo ha matizado que, aunque Euskadi ha alcanzado niveles máximos de secularización, se perciben dinámicas nuevas. No se trata de una religiosidad epidémica o de masas, sino de procesos individuales significativos. «Chavales que eran ateos o agnósticos hace tres o cuatro años, en un momento determinado algo pasa en su vida… y se acercan a la parroquia y dicen: ‘A mí me gustaría bautizarme'», ha relatado. Para Segura, el futuro de la Iglesia vasca no se medirá por las cifras, sino por la autenticidad: «La comunidad que vamos a tener en los próximos años va a tener una identidad fuerte en el compromiso… va a ser mucho más identificada y mucho más convencida de que tiene algo importante que vivir y que poder transmitir como propuesta».

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