Las trabajadoras del hogar han reclamado un control obligatorio y efectivo de la jornada laboral, una medida que consideran clave para acabar con la precariedad estructural del sector. La demanda se ha producido en un contexto marcado por el anuncio de una regularización extraordinaria de personas migrantes, que abre nuevas expectativas para miles de mujeres empleadas en el ámbito de los cuidados y el trabajo doméstico. Según los datos de ATH-ELE, durante el año 2025 han pasado por la asesoría 524 mujeres.
Un sector feminizado y poco visible
Desde la Asociación de Trabajadoras del Hogar de Bizkaia se ha puesto el foco en una realidad que sigue siendo poco visible. El sector está altamente feminizado y una parte muy importante de las trabajadoras son mujeres migradas, muchas de ellas en situación administrativa irregular. Esta circunstancia ha generado durante años condiciones laborales más frágiles, con dificultades para exigir descansos, salarios dignos o límites claros a la jornada.
Las representantes de la asociación han recordado que, a diferencia de otros sectores, el trabajo del hogar ha quedado en muchas ocasiones al margen de obligaciones básicas que sí se exigen a las empresas, como el registro horario, lo que ha facilitado abusos y situaciones de explotación.
La regularización anunciada abre una nueva etapa
El anuncio de una regularización extraordinaria de extranjería ha sido recibido como una oportunidad para salir de los llamados limbos burocráticos. Según se ha explicado, el proceso permitirá regularizar la situación administrativa acreditando la residencia en el Estado durante al menos cinco meses. Y sin necesidad de presentar un contrato de trabajo, un cambio sustancial respecto a procesos anteriores.
Desde la asociación se ha subrayado que este nuevo escenario refuerza la capacidad de negociación de las trabajadoras, que ya no se verán obligadas a aceptar condiciones abusivas con la promesa de una futura regularización. La posibilidad de acceder a derechos sin depender de un único empleador modifica de forma profunda el equilibrio en el mercado laboral del hogar.
La precariedad del trabajo interno
Uno de los puntos más críticos sigue siendo la situación de las trabajadoras internas, donde se concentran los mayores incumplimientos. Jornadas interminables, falta de descansos semanales y salarios por debajo de lo establecido son prácticas habituales denunciadas por el colectivo. La asociación ha señalado que más del 90% de las trabajadoras internas son mujeres migradas, lo que agrava su vulnerabilidad.
Este modelo, han advertido, se ha convertido en un nicho perfecto para la economía sumergida, invisibilizando un trabajo que sostiene buena parte del sistema de cuidados, especialmente en una sociedad envejecida donde muchas personas mayores viven solas.
Un problema colectivo de cuidados
Las portavoces del colectivo han insistido en que la situación de las trabajadoras del hogar no es un problema individual, sino un problema estructural y colectivo. La falta de un modelo público sólido de cuidados ha trasladado esta responsabilidad a los hogares, donde recae mayoritariamente sobre mujeres migradas en condiciones precarias.
Desde la asociación se ha animado a las trabajadoras a informarse, organizarse y acudir a redes de apoyo, recordando que muchas de las reclamaciones judiciales impulsadas desde el colectivo han terminado con el reconocimiento de derechos vulnerados.
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