La cueva helada A294, ubicada en el Pirineo Central, está perdiendo su depósito de hielo a un ritmo sin precedentes en los últimos 6.100 años. La investigación, liderada por Miguel Bartolomé, investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales, ofrece una fotografía precisa de cómo el calentamiento global está afectando al interior de nuestras montañas.
La temperatura en la cueva ha subido hasta 1,5 grados desde 2009
El estudio ha medido in situ la evolución térmica desde 2009. «En algunos puntos, hemos detectado un aumento de hasta 1,5 grados», afirma Bartolomé. Este incremento se ve potenciado por el descenso de nieve acumulada, el acortamiento del periodo nivoso y el aumento de lluvias y tormentas, cuya agua caliente penetra en la cueva y acelera la fusión del hielo.
La forma de la cueva ya no permite preservar el frío como antes
La cueva A294 presenta una morfología en fondo de saco que favorece la acumulación de aire frío en invierno. Sin embargo, «cada vez los inviernos son menos fríos, y ese frío que entra es menor», explica el investigador. Además, la mayor infiltración de agua templada en verano rompe el equilibrio térmico, favoreciendo la descomposición del hielo acumulado.
El hielo conserva restos de bosques desaparecidos hace siglos
La cueva no solo es un termómetro del cambio climático, sino también una cápsula del tiempo. En su interior se han encontrado acículas de pino de hace 5.000 años y troncos de árboles de hace 700. «Actualmente no hay bosque alrededor, pero estos restos demuestran que antaño sí lo hubo», señala Bartolomé, quien vincula estos cambios a la deforestación del Pirineo.
Los glaciares visibles no conservan hielo tan antiguo como estas cuevas
Según el investigador, el hielo en cuevas suele estar mejor preservado que en glaciares de montaña. Esto ha permitido conservar hielo de más de seis milenios, que hoy está retrocediendo de forma alarmante. «El glaciar del Monte Perdido, por ejemplo, sobrevivió a la anomalía climática medieval. Hoy, está casi desaparecido», recuerda.
Un retroceso sin precedentes en los últimos 6.100 años
La conclusión es clara: «No hay registro de una pérdida de hielo como la actual desde hace 6.100 años». Ni siquiera los ciclos naturales o los momentos de calentamiento anteriores justifican lo que está ocurriendo. «La velocidad del calentamiento actual y los niveles de CO2 solo tienen comparación hace 800.000 años», asegura Bartolomé.
La documentación visual refuerza los datos científicos
La investigación se ha apoyado también en topografías y fotografías históricas. Comparando planos de 1970, 2012 y 2019, se puede comprobar de forma visual cómo el hielo ha desaparecido progresivamente. «Los espeleólogos son los primeros en alertarnos: ellos conocen bien cada rincón de la cueva», destaca el investigador.
La ciencia alerta con datos: el reloj del hielo se acelera
Esta investigación no solo aporta datos técnicos, sino también una llamada de atención. Si se derrite todo el hielo, se perderá también una valiosa información sobre el pasado climático, biológico y atmosférico del Pirineo. Una evidencia más del impacto humano sobre un entorno que hasta ahora parecía intocable.
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