Las primeras semanas del año no solo llegan con nuevos propósitos, sino también con decisiones de gran calado para muchas parejas en Euskadi. Tras el periodo navideño, cargado de reuniones familiares, emociones intensas y momentos de tensión acumulada, los despachos de abogados especializados en derecho de familia han registrado un claro repunte de consultas sobre separaciones y divorcios.
Navidades, punto de inflexión para muchas parejas
«Enero, al igual que septiembre, es uno de los meses más intensos en los despachos de familia», explica Erica Álvarez, abogada y socia de Muguerza Abogados. En su experiencia, muchas personas acuden tras las fiestas con la decisión ya tomada o, al menos, con la necesidad de aclarar dudas sobre el proceso. «Hay parejas que sabían antes de Navidad que querían separarse, pero prefieren esperar para no afectar a los hijos o a las celebraciones familiares», cuenta.
Cuando la ruptura ya estaba antes: lo que enero visibiliza
El mes de enero no siempre marca el inicio real del conflicto, sino que actúa como catalizador de decisiones pospuestas. «La ruptura emocional suele haberse producido mucho antes», confirma Álvarez. Muchas de las personas que acuden a su despacho llevan meses durmiendo en habitaciones separadas o mantienen la convivencia por cuestiones económicas o por la edad de los hijos. Sin embargo, tras las vacaciones, deciden dar el paso.
Asesorarse sin conflicto: la vía más sensata
Lejos del estereotipo de los divorcios como escenarios de guerra legal, la abogada subraya la importancia de acudir a profesionales especializados y destaca que «cada persona puede tener su abogado sin que eso implique un proceso contencioso». La clave está en llegar a acuerdos razonables, con un convenio regulador que permita reorganizar la familia de forma civilizada.
Primero preguntar, luego decidir
Según Álvarez, muchas personas acuden por primera vez sin haberlo comunicado a su pareja. «Es normal que quieran tantear el terreno antes de hablarlo», explica. Por eso insiste en la importancia de informarse antes de tomar decisiones que podrían tener consecuencias legales, como abandonar el domicilio sin conocer los derechos que se podrían perder.
Separarse sin dañar: prioridad, los hijos
Cuando hay menores en juego, reducir el conflicto es esencial. «Cuanto menos enfrentamiento haya, menos coste emocional tendrá para todos», señala la abogada. La mayoría de personas, afirma, ya no busca perjudicar a la otra parte, sino resolver de forma respetuosa y coherente: «Hoy en día la gente quiere llegar a un acuerdo».
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