Hay compositores cuya vida parece una novela. Y hay otros, como Héctor Berlioz, cuya vida parece una auténtica ópera romántica, llena de pasiones desbordadas, amores imposibles, sueños grandiosos y no pocos fracasos.
Berlioz nació en Francia, en 1803, en una familia acomodada. Su padre era médico y esperaba que su hijo siguiera sus pasos. De hecho, el joven Héctor llegó a trasladarse a París para estudiar Medicina, pero pronto descubrió que su verdadera vocación estaba en otro lugar: la música. Y tomó una decisión que disgustó profundamente a su familia: abandonar los estudios médicos e ingresar en el Conservatorio de París.
Lo curioso es que Berlioz nunca fue un virtuoso del piano, como tantos compositores de su época. Tocaba la flauta y la guitarra, pero su verdadero instrumento sería la orquesta. Una orquesta que imaginaba llena de colores, contrastes, efectos sorprendentes y sonoridades que nadie había explorado hasta entonces.
Era un hombre apasionado, impulsivo, de temperamento exaltado. Se enamoraba con la misma intensidad con la que componía, y sus experiencias personales terminaron convirtiéndose en materia musical.
Admiraba profundamente a Beethoven, pero también a Shakespeare, Goethe y Virgilio. Para él, la música no era solamente una combinación de sonidos: era una forma de contar historias, expresar emociones y construir mundos imaginarios.
Hoy vamos a recorrer algunos episodios de su extraordinaria biografía a través de sus composiciones. Conoceremos sus amores, sus viajes, sus triunfos y sus decepciones, y descubriremos por qué este compositor, que tantas dificultades encontró para hacerse comprender en su tiempo, terminó transformando para siempre la manera de escribir para orquesta.
REPERTORIO DE HOY de BERLIOZ:
Sinfonía fantástica, op. 14 (1830). Segundo movimiento: «Un baile».
Sinfonía fantástica, op. 14. Cuarto movimiento: «Marcha al suplicio».
Harold en Italia, op. 16 (1834). Segundo movimiento: «Marcha de los peregrinos».
Romeo y Julieta, op. 17 (1839). «Escena de amor».
La condenación de Fausto, op. 24 (1846). «Marcha húngara».
Les nuits d’été, op. 7. «Le spectre de la rose» (El espectro de la rosa).
Los troyanos (1856–1858). «Marcha troyana».
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