En plena recta final del calendario navideño, el psicólogo clínico Germán Cortázar Armas ha analizado en Radio Popular – Herri Irratia por qué estas fechas concentran más tensión emocional que ninguna otra y cómo establecer límites sociales y familiares sin caer en el bucle de la culpa. Ha explicado que, junto a los encuentros y la alegría, aparecen ausencias, expectativas imposibles y viejos roces que se reactivan en un entorno donde parece obligatorio estar bien.
La Navidad, como “acelerador” emocional
El especialista ha señalado que en estas semanas se intensifican tanto las emociones agradables como las más corrosivas: tristeza por quienes no están, conflictos no resueltos y la presión —externa e interna— de mostrarse feliz y en sintonía con todo el mundo. Esa exigencia, ha indicado, puede acabar alimentando justo lo contrario: malestar, irritabilidad y discusiones que se enquistan por acumulación.
Poner límites no es castigar: es un derecho y una forma de autocuidado
Cortázar Armas ha defendido que marcar límites implica mirar por las propias necesidades sin “pasar por encima” de nadie. Ha planteado que el primer paso es identificar qué situaciones no sientan bien y comunicarlo de forma clara, porque expresar lo que uno siente reduce la frustración posterior de haberse callado para evitar problemas. En ese marco, ha insistido en que el límite no tiene por qué sonar a ultimátum: puede ser una decisión coherente con el propio bienestar.
Asertividad bien entendida: calma, respeto y primera persona
El psicólogo ha diferenciado la asertividad de la agresividad. Ha advertido de que usar la sinceridad como “excusa” para arrasar, genera el efecto contrario al buscado y rompe puentes. En cambio, ha recomendado hablar en primera persona (centrarse en lo que uno siente y necesita) y evitar reproches en segunda persona, porque lo personal es difícil de rebatir y baja la escalada del conflicto. También ha subrayado la importancia de las formas: no elevar el tono, no descalificar y no entrar al cuerpo a cuerpo verbal.
Cenas con “caja de Pandora”: cuándo frenar el tema antes de que explote
En reuniones donde hay familiares que apenas se ven durante el año, Cortázar Armas ha propuesto ajustar expectativas: si el vínculo es superficial o esporádico, lo razonable es no abordar temas profundos en un contexto cargado de estímulos. Ha señalado que es legítimo cortar una conversación con serenidad, recordando el objetivo del encuentro y dejando claro que ese asunto no toca hoy. Además, ha añadido un factor práctico: con alcohol de por medio, la capacidad de regularse empeora y el riesgo de choque aumenta.
Chantaje emocional, victimismo y culpa: cómo no caer en la trampa
El experto ha descrito la culpa como una emoción especialmente dañina cuando aparece tras poner límites, sobre todo si la respuesta del entorno deriva en victimización o en darle la vuelta a la situación para responsabilizar a quien se protege. Ante ese escenario, ha recomendado reafirmar el límite y, si la dinámica se enquista, cerrar la interacción sin dramatismo, incluso recurriendo a una salida elegante para terminar la velada sin entrar en una batalla.
Expectativas más bajas, disfrute más alto: enfocarse en lo que sí hay
Cortázar Armas ha insistido en revisar la idealización social de estas fiestas y en priorizar el presente: disfrutar de la compañía real, sin compararla con una postal perfecta. En esa línea, ha animado a equilibrar el recuerdo de quienes faltan con el cuidado de quienes están, poniendo el foco en lo disponible aquí y ahora para que el encuentro no se convierta en una suma de presiones.
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