Comentario sobre el recorte denunciado por las trabajadoras del centro psicosocial de San Ignacio en Bilbao

A dos semanas del 8M el módulo psicosocial de San Ignacio, centro de referencia sexoafectiva, denuncia un recorte del 65%

Podcast Opinión

‘If you wanna be my lover’, no me cierres el centro psicosocial de San Ignacio

Spice Girls / Deposit Photos
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Ya podeís perdonar que me ponga un poco nostálgica esta mañana, me lo he pensado mucho, eh pero mirad, si los franquistas son los nuevos nostálgicos, que me hagan hueco que yo traigo también lo mío:

Corría el año 97 cuando mis amigas y yo descendimos por primera vez al mundo real desde la aldea feliz que siempre fue mi barrio, Arangoiti, para matricularnos en el instituto de Ibarrekolanda. Allí, aparecieron los chicos mayores, los porritos, el kalimotxo y las spice girls. Todos a la vez. Recuerdo que el primerísimo primer día de clase, una chica con un año más, nos habló del bombazo de las spice, el quinteto británico que cantaba el megaexito Wannabe, con un estribillo con un mensaje que ahora suena naif y hasta hortera, pero que en ese momento nos parecía una auténtica revolución comparándola con la mezla extraña de por un lado, historias de amor de príncipes que salvaban a princesas de los cuentos de Disney, y por otro, peliculas de amor tipo Pretty Woman con que muchas fuimos educadas. Vaya, que teníamos la mentalidad sexoafectiva mitad la sirenita, dispuestas a cortarnos las piernas o perder la voz por el chico que nos gustaba, y mitad prostituta de los Angeles, para que os hagáis un poquito a la idea del peligro. Y ahí, en medio las maravillosas spice girls, que berreaban «si tu quieres ser mi amante, ¡¡deberás llevarte bien con mis amigas!!»

¡¡Boom!! Mis amigas. Yo ya sé que ahora es algo evidente, pero sí, las amigas fueron refugio, consejo, bálsamo y risas desde que las niñas nos empezamos a convertir en chicas y luego en mujeres. Ellas han acompañado desvelos familiares, desengaños amorosos, y también miedos sanitarios, que, cuando iban a más, empezaban en el instituto y terminaban en el módulo psicosocial de San Ignacio. Allí, desde hace décadas, se asesora a las chavalas en salud sexual, se acompaña en educación sobre anticonceptivos, y se informa sobre drogas y relaciones sexoafectivas. Lo sé no solo porque fui una de sus miles y miles de usuarias, sino porque sigue apareciendo como tal en la página web del ayuntamiento a día de hoy. El módulo psicosocial de Sanignacio es gratuito para los jóvenes, están atendidos por profesionales de la salud y el jurídico, y no requiere cita previa.

Lo mismo puedes llegar llorando porque tienes pavor a quedarte embarazada, te duele la vagina y no puedes dormir y te da miedo contarlo en casa, o pedir consejo porque tu novio te acaba de dar una bofetada y no sabes que hacer ni a dónde ir. La verdad es que no se entiende bien que, a dos semanas del 8 de marzo, a dos semanas de los círculos morados, y las campañas por la igualdad de las niñas, las concentraciones institucionales y las buenas palabras, nos enteremos de que el ayuntamiento haya recortado la financiación del Módulo Psicosocial de Deusto-San Inazio en un 65%, poniéndolo el grave peligro. Hoy mismo, lunes, a las 11 hay convocada en la plaza Aioz de San Ignazio, una concentración de apoyo al módulo. Entiendo que pasará desapercibida, pero yo hoy, entenderéis que se lo debo, al módulo, a sus trabajadores, y a la pandilla spicemaníaca de la que aún me siento orgullosa parte.


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