Hoy charlábamos con la periodista, escritora y cómica Irantzu Varela, autora de la novela Darle Fuego a Bilbao. Una historia de amor entre dos mujeres durante la Aste Nagusia de 2018. Fiesta, memoria política, bollodramas y diosas en un Bilbao reconocible y a la vez mítico.
Irantzu llegaba a la entrevista con un vestido largo de tirantes negros, y no era para menos. Con termómetros que prometían superar los treinta grados, las dos nos hemos alegrado de que el estudio tuviera aire acondicionado. Bilbao está en llamas esta semana. Qué mejor escenario para hablar sobre un libro que invita a quemar la ciudad.
El Fuego como renovación y amenaza
Darle fuego a Bilbao, el título de la novela, es una canción del Doctor Deseo, un grupo de rock muy querido en la ciudad. El fuego, nos contaba Varela, representa muchas cosas en el libro. El fuego es renovación y amenaza; es la pasión de dos personas que se están encontrando; el culmen de la Aste Nagusia con la quema de Marijaia; y el símbolo de la rabia femenina. En el libro, Irantzu nos describe un Bilbao con “muchas cosas bonitas que mantener”, pero también “con mucho que cambiar.” Un cambio que Irantzu cree posible a través de nuevas vías, como la subversión desde la fiesta e incluso “la creación de nuevos akelarres”.
“Las noches también son nuestras”
Es entonces cuando le preguntábamos por qué tras Lo que quede, su primer libro, las agresiones y las comisiones feministas vuelven a aparecer en esta novela que transcurre en la Aste Nagusia de 2018. Una fiesta, que el año pasado se saldó con 13 delitos contra la libertad sexual. ¿Por qué era importante que este tipo de violencias aparecieran en su primera ficción?
Irantzu nos confesaba entonces que le parecía “imposible hablar de la Aste Nagusia sin hablar de la violencia a la que nos enfrentamos las mujeres, las chavalas y las disidencias”. La elección de enmarcar la novela en el 2018 no fue baladí, nos explicaba. En abril de ese año hubo una explosión de conciencia con la sentencia de la manada. “La gente entendió de lo que hablábamos cuando hablábamos de justicia patriarcal”, afirmaba. En Bilbao, por ejemplo, se instalaron brigadas ciudadanas para que las mujeres pudieran disfrutar tranquilas de la fiesta. Sin embargo, y aunque el movimiento feminista de Bilbao lleva años dando respuesta a este tipo de violencias, tomando la calle y atendiendo a las víctimas, Irantzu denunciaba en el libro los peligros a los que se siguen enfrentando las mujeres cuando salen a divertirse. “Todavía hoy es imposible para una mujer, para una chavala, salir de fiesta y no tener que estar defendiendo su libertad de bailar como le dé la gana, ir vestida como le dé la gana, morrearse con quien le dé la gana y no tener que estar defendiendo su espacio como si fuera el paso a las termópilas”, criticaba Irantzu. Algo que consideraba injusto, puesto que en su opinión todo el mundo debería tener derecho al goce y a la farra. “Las noches también son nuestras”, manifestaba.
Con 50 años se hace gaupasa
Dialogando sobre las diferentes situaciones a las que se enfrentan las mujeres cuando salen, llegábamos al personaje de Maddi, una de las protagonistas. Una mujer que con 50 años sale de fiesta, hace gaupasa, se enamora, consume lo que le apetece, se toma katxis, y se sienta en un bordillo a comer bocadillos. En un momento de la novela, Maddi dice que ella y sus amigas «no parecen viejas». Es entonces cuando le preguntábamos a Irantzu si la representación de mujeres en el libro, que no encajan ni con la juventud obligatoria ni con la invisibilidad que suele imponerse a ciertas edades, es intencional. A lo que Varela respondía con contundencia: “estamos en una crisis de entender lo que es una mujer de 50 años. El imaginario colectivo sobre lo que es una mujer de 50 no se corresponde con mis amigas y yo”. Con esta novela Irantzu no intentaba romper ningún tabú, sino crear personajes que con toda la naturalidad del mundo siguieran militando políticamente, participando en movimientos sociales, enamorándose, saliendo de farra de noche y volviendo de día. No es que quisiera crear nuevos referentes, “los referentes están en la calle”, alegaba.
“Yo tengo muchos planes para mi rabia”
La siguiente pregunta era ineludible: ¿Están las mujeres de 50 años infrarrepresentadas?
En el audiovisual hay de todo, nos respondía Irantzu. «El problema es lo que suele llegar al mainstream donde todas las mujeres que rondan los 50 están enfadadas, pero hasta el punto de poner en peligro su salud mental», proseguía. “No me gusta la señora de 50 que se vuelve loca y prende fuego a no sé qué. Como arquetipo para el cine puede ser divertido, pero como representación política no me interesa”. Irantzu compartía entonces su admiración hacia esas otras señoras de 50 que tienen claro el mundo en el que quieren vivir, cómo se quieren relacionar, cómo quieren consumir, y qué es lo que quieren reivindicar. “Estamos enfadadas, pero yo tengo muchos planes para mi rabia, y estoy rodeada de mujeres que saben que están enfadadas y están pensando qué hacer al respecto.” Cuando tienes 50, “como tienes menos tiempo, tienes más prisa y más claro lo que tienes que hacer para conseguir cambiar el mundo”, concluía.
El humor como arma
Entre esos planes para su rabia está subirse a los escenarios del Teatro de los Campo Elíseos el domingo 24 de mayo, junto a La Furia, Safu y Mursego, tres diosas de la música de Euskal Herria. Presentan Manologold, un manual de cómo vivir mejor y cómo canalizar la rabia. “Eso sí que es un akelarre”, nos advertía Irantzu, asegurando que “vamos a reírnos y vamos a bailarnos, porque las letras de estas también son canelita”.
Irantzu reivindicaba también la necesidad de estos espectáculos para llegar a más personas y hacer pedagogía feminista. “La ficción, reflexionaba, te da mucha más manga ancha que el activismo o un discurso más serio porque los límites están muchísimo más lejos”. Varela comentaba también la necesidad de cambiar la perspectiva del humor, y su poder para romper diferentes sistemas de opresión. En sus palabras, el humor hay que hacerlo hacia arriba, con bromas sobre los que están por encima en la estructura, lo contrario se llama opresión. “Ahora nosotras decidimos de que nos reímos nosotras. Si no te hace gracia es tú problema”.
Irantzu terminaba la entrevista invitándonos a todos a ir al teatro, “sales un poco más libre”.
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