EL IMPACTO INICIAL Y LA DECLARACIÓN DE EMERGENCIA
El inicio de la pandemia estuvo marcado por la sorpresa, la incertidumbre y la rápida necesidad de adaptación.
- Declaración de emergencia: El 13 de marzo de 2020 se declaró la emergencia sanitaria en Euskadi (LABI) y el 14 de marzo se decretó el estado de alarma y el confinamiento de la población. La DYA se puso a disposición del Gobierno Vasco desde el primer minuto.
- Falta de protocolos iniciales: En los primeros días no existían protocolos prefijados para una crisis global de tal magnitud, por lo que las pautas se actualizaban diariamente desde Osakidetza.
- El «enemigo invisible»: A diferencia de un accidente de tráfico o rescate habitual, los intervinientes se enfrentaron al temor de contagiarse o trasladar el virus a sus propias familias, estableciendo estrictos protocolos de aislamiento e higiene al regresar a sus hogares.
ASISTENCIA SOCIAL Y ENTREGA DE MEDICAMENTOS A DOMICILIO
Para evitar que las personas mayores o con enfermedades crónicas salieran a la calle y corrieran riesgos, la DYA desplegó una intensa red de apoyo socio-sanitario:
- Servicio de farmacia a domicilio: En coordinación con el Colegio Oficial de Farmacéuticos y el Departamento de Salud del Gobierno Vasco, el voluntariado gestionó listados de pacientes vulnerables, realizó llamadas telefónicas de seguimiento y distribuyó los medicamentos directamente en sus viviendas.
- Atención a personas sin hogar: En colaboración con Cáritas, se garantizó el transporte de alimentos calientes (preparados en lugares como la Iglesia del Carmen) y la atención sanitaria en albergues municipales y polideportivos habilitados durante el confinamiento.
- Rutas de Protección Civil y desinfección: Se realizaron patrullajes informativos en carreteras con vehículos todo terreno (Land Rover) y se crearon equipos especiales de desinfección equipados con trajes de protección aislantes.
DISPOSITIVOS ESPECIALES: MASCARILLAS, CONTROLES Y VACUNÓDROMOS
Con el avance de las fases de la pandemia, la labor de la DYA continuó adaptándose a las necesidades de la población:
Transporte público: Voluntarios de la DYA distribuyeron mascarillas y realizaron toma de temperatura con termómetros infrarrojos en las cabeceras de las líneas de Bizkaibús y en estaciones de Metro Bilbao.
Apoyo en vacunódromos: Durante la campaña masiva de vacunación, el equipo prestó apoyo logístico en grandes centros como La Casilla, el BEC (Barakaldo) y diferentes OSIs sanitarias (Uribe Kosta, Ezkerraldea/Enkarterri), gestionando el flujo de personas y el control de citaciones.
SOPORTE EMOCIONAL Y GESTOS SOLIDARIOS CON LA CIUDADANÍA
La contención psicológica y el lado más humano de la emergencia ocuparon un lugar central durante los meses de confinamiento estricto:
Atención psicológica telefónica: Se habilitó una línea atendida por un equipo de psicólogos para acompañar a personas que sufrían soledad, ansiedad, miedo o incertidumbre.
«Cumpleaños solidarios»: Para llevar alegría a los niños encerrados en sus casas, los vehículos de la DYA se desplazaban bajo sus ventanas felicitándoles el cumpleaños con sirenas y megafonía.
Respuesta y reconocimiento ciudadano: Los voluntarios recibieron muestras continuas de cariño, desde comidas y felicitaciones entregadas en la base por parte de los vecinos hasta los emotivos aplausos diarios de las 8 de la tarde.
LECCIONES APRENDIDAS Y VALOR DEL VOLUNTARIADO
La experiencia adquirida durante la crisis dejó una profunda huella en la organización y en la sociedad:
- Conciencia de prevención e higiene: Se consolidaron hábitos preventivos esenciales como el lavado frecuente de manos o el uso responsable de la mascarilla.
El espíritu DYA: La entrega altruista de los voluntarios en los momentos más difíciles demostró una vez más la solidez del compromiso social de la asociación en Vizcaya.
