En una emergencia (como un accidente de tráfico o una gran catástrofe), el impacto psicológico alcanza a diversos colectivos:
Víctimas directas e indirectas: Afecta a los accidentados, así como a sus familiares y entorno cercano.
Espectadores e intervinientes: Los testigos presenciales y los propios profesionales sanitarios, de rescate o bomberos también sufren un impacto emocional de alta intensidad.
Poblaciones vulnerables y triaje emocional: Se presta especial atención a niños, personas mayores, mujeres embarazadas, personas con discapacidad o con trastornos mentales previos.
Atención a la inhibición emocional: Se vigila tanto a quienes expresan dolor de forma explosiva como a quienes se aíslan o guardan silencio, ya que estos últimos pueden ocultar una alta descompensación.
Las 3 fases del impacto psicológico en la emergencia
Esther Vázquez articula la intervención psicológica en 3 fases clave:
Fase 1: Impacto Agudo (Horas inmediatas)
- Reacciones: Shock inicial, confusión, incredulidad y negación de la realidad («esto no ha podido pasar»).
- Intervención: Estabilizar a la persona, reducir la intensidad emocional, ofrecer un entorno seguro, brindar información clara y sencilla, y contener de forma no invasiva.
Fase 2: Reacción (Días o semanas posteriores)
- Reacciones: La persona intenta recuperar el control sobrecargándose de actividad o ayudando a otros, lo que puede provocar un severo agotamiento físico y psicológico.
- Intervención: Canalizar la energía, prevenir la fatiga emocional y guiar hacia una actitud reflexiva y serena.
Fase 3: Recuperación y Reconstrucción (Largo plazo)
- Reacciones: Procesamiento de lo ocurrido, asimilación de la «nueva normalidad», reconocimiento de pérdidas y aparición de sentimientos de tristeza o culpa.
- Intervención: Acompañamiento integrado con psicólogos clínicos y sanitarios para reconducir el malestar sin interferir en la vida cotidiana.Emociones Adaptativas vs. Desadaptativas: Culpa y Responsabilidad
Emociones adaptativas (como el miedo o la tristeza)
Favorecen la supervivencia y la integración de la vivencia.
Se diferencia responsabilidad de culpa: En conductores o profesionales implicados en un siniestro, trabajar la culpa es crucial para que no se convierta en una patología paralizante.
Y se consideran las llamadas conductas desadaptativas, que son aquellas que ponen en peligro a la propia persona o a los equipos de emergencia (por ejemplo, intentar reingresar en una vivienda en llamas para recuperar objetos personales).
¿Cómo Puede Ayudar la Ciudadanía?
Si eres testigo de una emergencia y no eres profesional de la salud mental, se recomienda:
Mantener la calma: Tanto el estrés como la tranquilidad se contagian.
Escuchar sin juzgar: Evitar comentarios que culpabilicen o frases hechas como «no pasa nada» o «tranquilízate».
Validar las emociones: Utilizar expresiones empáticas como «Es normal sentirse así después de algo tan duro» o «Estoy aquí contigo».
Cubrir necesidades básicas: Facilitar agua, abrigo, un espacio tranquilo y proteger la intimidad de las escenas más crudas.
No entorpecer: Preguntarse si la presencia responde a una ayuda real o a mera curiosidad, y dejar trabajar a los profesionales.
Nunca es tarde para pedir ayuda: Si tras años de haber vivido un suceso traumático la persona detecta un germen de malestar no resuelto, la DYA ofrece orientación e información en su teléfono de atención habitual: 944 10 10 10.
