Aceptar los momentos complicados sigue siendo uno de los grandes retos emocionales. Sin embargo, cada vez son más las voces que defienden que el dolor no solo incomoda, sino que también enseña, despierta y transforma. Marina Caballero nos da las claves para aceptar los malos tragos que nos da la vida y aceptarlos como parte de nuestro aprendizaje.
El dolor como maestro, no como enemigo
Uno de los grandes errores habituales es entender el dolor como algo que hay que evitar a toda costa. Sin embargo, la realidad es distinta. Los momentos difíciles no solo forman parte de la vida, sino que cumplen una función clave.
Como ha destacado Marina Caballero durante la conversación, “los días difíciles incomodan… pero también despiertan, colocan y enseñan lo que de otra forma no veríamos”. Esta visión plantea un cambio de enfoque: pasar de huir del malestar a entenderlo.
La felicidad necesita contraste
La felicidad no se entiende sin su opuesto. Es una de las ideas más repetidas en el ámbito del crecimiento personal: la vida funciona por contraste.
En este sentido, se ha subrayado que “si nunca has sentido vacío, no reconoces lo que es plenitud”, lo que convierte a la tristeza en una parte necesaria del proceso vital. No se trata de un error, sino de una pieza más del mapa emocional.
Sentir antes que entender
Cuando se atraviesan momentos grises, la tendencia suele ser buscar respuestas inmediatas. Sin embargo, el proceso no funciona así.
Primero hay que sentir y atravesar lo que ocurre, sin forzar explicaciones. El sentido llega después, con perspectiva. “A veces no entiendes el para qué en el momento… pero sí lo integras con el tiempo”, se ha explicado.
La diferencia entre sentir y quedarse atrapado
Uno de los puntos clave está en distinguir entre vivir el dolor y quedarse bloqueado en él. La clave está en el movimiento.
Sentir implica permitir que la emoción pase, mientras que quedarse atrapado supone recrearla continuamente. Por eso, se insiste en que “el dolor necesita espacio… pero también necesita salida”.
El silencio, una puerta incómoda pero necesaria
Muchas personas evitan la soledad o el silencio. El motivo es claro: en ausencia de distracciones aparecen pensamientos y emociones que incomodan.
Sin embargo, ese mismo espacio es también donde se encuentra la calma. “El silencio no es el problema… es la puerta”, se ha señalado, reivindicando la importancia de parar y escucharse.
Un mensaje para los momentos oscuros
En los momentos más complicados, la sensación de bloqueo puede ser total. Sin embargo, el mensaje final es claro: no todo está perdido.
Incluso en la oscuridad se está gestando algo. “Muchas veces, de los momentos más duros, nacen las versiones más auténticas de nosotros mismos”, ha destacado.
Marina Caballero te ayuda en La Casa de Marina y en Aguamarina. También puedes llamar al teléfono 699 32 23 20 o en el correo electrónico info@retiroymeditacion.com
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