Una semana después del devastador terremoto de magnitud 7,4 registrado en Colombia el pasado lunes 10 de agosto, el país afronta las consecuencias del seísmo más grave de la última década. El epicentro de los daños se concentra en el departamento del Chocó, donde miles de familias han perdido sus viviendas y permanecen en condiciones extremadamente precarias. Para dar cuenta de la situación sobre el terreno, el programa EgunOn Bizkaia ha entrevistado a Noelia Monge, responsable del equipo de emergencias de Acción contra el Hambre.
Un impacto devastador en infraestructuras y servicios básicos
A siete días de la tragedia, el balance de daños empieza a consolidarse. Según las cifras oficiales actualizadas, se contabilizan 289 personas fallecidas, 12.000 edificios derrumbados y cerca de 60.000 inmuebles afectados. A ello se suma la destrucción de 44 acueductos, lo que ha cortado el acceso al agua potable, además de graves daños en las redes de electricidad, centros de salud y escuelas. «En Quibdó y en toda la región, la población ya enfrentaba una situación previa de alta vulnerabilidad, lo que complica aún más la respuesta», señala Monge.
El reto de acceder a las zonas rurales aisladas
Las características geográficas del Chocó y los destrozos en las vías de comunicación dificultan el traslado de la ayuda a las comunidades rurales más dispersas. Pese a las complicaciones logísticas, los equipos ya están llegando a las zonas más remotas para distribuir asistencia humanitaria directa.
Prioridades inmediatas: refugio, agua y apoyo psicológico
Concluidas las primeras labores de rescate y desescombro, las intervenciones urgentes se orientan a cubrir las necesidades fundamentales de la población. En materia de alojamiento y refugio, se presta apoyo directo a quienes han perdido su hogar o no pueden regresar a sus casas por riesgo de colapso. Asimismo, se brinda atención psicológica mediante primeros auxilios emocionales para asistir a las personas golpeadas por el estado de shock. Por otro lado, resulta prioritario garantizar el suministro de agua potable y el reparto masivo de kits de higiene general, menstrual e infantil. «Aún no estamos en fase de reconstrucción; estamos plenamente centrados en satisfacer las necesidades más elementales de la población afectada«, subraya Monge.
Coordinación sobre el terreno y vías de colaboración
Acción contra el Hambre trabaja en el Chocó coordinándose con las autoridades locales, el sistema de Naciones Unidas y la cooperación internacional a través del Centro de Mando Unificado. Para apoyar la labor humanitaria, la ciudadanía puede realizar sus aportaciones a través de la web www.accioncontralhambre.org. Monge destaca la importancia de la ayuda continuada: «Contar con fondos permanentes nos permite actuar desde el minuto cero, desplegando equipos de emergencia en un plazo de 24 a 48 horas tras cualquier catástrofe«.
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