En 2025, los océanos del planeta han vuelto a marcar un máximo histórico de temperatura, convirtiéndose en el año con mayor contenido de calor oceánico desde que existen registros modernos. Así lo ha explicado Asier Ruiz, miembro de Logos Elkartea, que ha analizado los datos de un estudio científico internacional publicado en la revista Advances in Atmospheric Sciences.
El trabajo, coordinado por más de 50 investigadores de 31 instituciones de todo el mundo, confirma que el calor acumulado en los mares no ha dejado de aumentar y ha encadenado nueve años consecutivos batiendo récord. Ruiz ha subrayado que no se trata de una variación puntual, sino de una tendencia sostenida y preocupante.
Según ha detallado, los océanos absorben más del 90% del exceso de calor generado por los gases de efecto invernadero, actuando como un enorme regulador térmico del planeta. Sin esa capacidad de absorción, el calentamiento atmosférico sería mucho más rápido y extremo. Sin embargo, los registros de 2025 muestran que este sistema está siendo forzado.
El incremento energético registrado equivale a decenas de zettajulios, una cifra difícil de imaginar, comparable a múltiples años del consumo energético global. Ruiz ha insistido en que hablamos de una acumulación medida con instrumentos científicos en distintas regiones del mundo y corroborada por equipos de investigación independientes.
El aumento de la temperatura oceánica tiene consecuencias directas. Contribuye a la subida del nivel del mar —por la expansión del agua caliente y el deshielo acelerado— y alimenta fenómenos meteorológicos más intensos, como huracanes más potentes, lluvias torrenciales más destructivas y olas de calor más prolongadas. También aumentan las olas de calor marinas, que afectan gravemente a ecosistemas como los arrecifes de coral y provocan pérdida de biodiversidad.
Además, el océano regula grandes corrientes que influyen en el clima global. Cambios persistentes en su temperatura pueden alterar patrones de lluvia y sequía en continentes enteros, afectando a la agricultura, el acceso al agua y la estabilidad económica de numerosas regiones.
Ruiz ha recordado que fenómenos naturales como El Niño pueden intensificar temporalmente las temperaturas, pero no explican por sí solos una acumulación de energía tan persistente y global como la registrada en los últimos años. Ha señalado que el aumento acelerado de gases de efecto invernadero desde la revolución industrial coincide con el incremento térmico global, un fenómeno medido en laboratorio, confirmado por satélites y respaldado por décadas de observación científica.
En un momento de debate político internacional, ha mencionado que el presidente Donald Trump ha eliminado la limitación federal de emisiones de gases de efecto invernadero en Estados Unidos, lo que supone un giro relevante en la política climática de una de las mayores economías del planeta.
Para Asier Ruiz, el récord oceánico de 2025 no es solo un dato estadístico, sino una señal de advertencia clara de que el sistema climático continúa desequilibrado. Ha advertido de que las implicaciones pueden sentirse en la economía global, en la seguridad alimentaria, en las migraciones climáticas y en la estabilidad política de regiones vulnerables.
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