El exmilitar y escritor Luis Gonzalo Segura ha pasado por los micrófonos de Radio Popular-Herri Irratia para presentar su libro España, Cara B, una obra en la que ha abordado la corrupción, la falta de protección a quienes denuncian malas prácticas y el papel que, a su juicio, han desempeñado determinadas élites políticas, judiciales, militares y mediáticas en el Estado.
Un denunciante de corrupción, “apestados” frente al sistema
Segura ha recordado que su trayectoria pública ha estado marcada por su salida del Ejército después de denunciar malas prácticas y comportamientos corruptos dentro de la institución militar. A partir de esa experiencia, ha señalado que quienes denuncian corrupción en España sufren un coste personal y laboral muy elevado.
El escritor ha afirmado que la reinserción de los denunciantes de corrupción es prácticamente imposible y ha citado casos como los de Ana Garrido, Roberto Macías o Antonio Rico. En ese contexto, ha dejado una de las frases más contundentes de la entrevista: «los denunciantes de corrupción terminamos siendo personas completamente apestadas».
Frente a esa situación, Segura ha contrapuesto el trato social que, según ha explicado, reciben algunas personas vinculadas a escándalos de corrupción. Ha lamentado que «corruptos o gente cercana a la corrupción terminen convirtiéndose en ídolos de masa», mientras quienes han denunciado esos casos quedan apartados.
La “cara B” del poder en España
El autor ha explicado que su libro parte de una vivencia personal, pero avanza hacia una reflexión más amplia sobre lo que denomina la “cara B” de España. En su opinión, existe una estructura de poder que ha mantenido continuidades con el franquismo y que sigue teniendo influencia en ámbitos económicos, judiciales, militares y mediáticos.
Segura ha puesto como ejemplo la figura de Florentino Pérez, al que ha descrito como una muestra de ese poder económico capaz de condicionar el comportamiento de algunos medios de comunicación. Según ha sostenido, determinadas intervenciones públicas provocan efectos inmediatos en forma de dimisiones, despidos o silencios.
El entrevistado ha señalado que el sistema construye relatos que terminan siendo asumidos por una parte importante de la sociedad. Para Segura, esa dinámica genera «farsa, corrupción y fraude», conceptos que atraviesan el libro y que utiliza para describir una realidad que, a su juicio, no siempre se muestra en primer plano.
Medios de comunicación, censura y autocensura
Uno de los bloques más críticos de la entrevista ha girado en torno al papel de los medios de comunicación. Segura ha afirmado que resulta fácil identificar la línea de medios abiertamente conservadores, pero ha centrado parte de su crítica en cabeceras y grupos percibidos como progresistas.
Ha citado al Grupo Prisa, a El País y a La Sexta para cuestionar su papel en determinados momentos políticos. En ese punto, ha planteado una pregunta directa: «¿Se puede ser un periodista progresista y se puede luchar por desvelar la verdad cuando trabajas para Ferreras, en La Sexta?».
El exmilitar ha explicado que, en su experiencia como colaborador en distintos medios, no solo ha existido censura, sino también autocensura. Ha indicado que quienes escriben o hablan en radio y televisión saben qué pueden decir, qué no pueden decir y qué consecuencias puede tener cruzar determinadas líneas.
En ese sentido, ha defendido que los periodistas deben organizarse y responder de forma colectiva: «tenemos que asociarnos, tenemos que juntarnos y tenemos que decir basta». Según ha advertido, de lo contrario terminan trabajando para el medio de turno y diciendo lo que ese medio quiere que se diga.
La incoherencia como alimento de la ultraderecha
Segura ha situado la desconfianza hacia las instituciones y los medios como uno de los elementos que alimenta el crecimiento de la ultraderecha. Ha explicado que la falta de coherencia en determinados discursos públicos abre espacio a teorías y relatos extremos.
El escritor se ha definido como una persona de izquierdas y ha defendido que criticar a Donald Trump, la actuación de Estados Unidos o la situación en Palestina no debe impedir señalar también vulneraciones de derechos humanos en otros lugares como Irán o Rusia.
Para Segura, el problema aparece cuando se adopta una visión simplificada en la que, si hay un actor malo, necesariamente debe existir otro bueno. Ha advertido de que ese tipo de incoherencias son percibidas por la ciudadanía y erosionan la credibilidad de quienes informan o hacen política.
«La ultraderecha se alimenta de esa falta de coherencia», ha señalado. A su juicio, ese discurso entra precisamente cuando una parte de la sociedad siente que no se le está contando toda la verdad.
Judicatura, Ejército y herencias del franquismo
La entrevista también ha abordado la presencia de discursos de ultraderecha en instituciones como la judicatura o el Ejército. Segura ha relacionado esa cuestión con su propia historia familiar, que ha incluido en el libro para explicar cómo determinadas familias vinculadas al franquismo han formado parte de la élite española.
El autor ha contado que procede de una familia franquista y ha mencionado a un tío abuelo que participó en la masacre de Badajoz. También ha explicado que su abuelo fue magistrado durante el franquismo y terminó en el Tribunal Supremo. Desde esa experiencia, ha sostenido que conoce desde dentro cómo se han transmitido determinadas posiciones de poder.
Segura ha asegurado que haber rechazado ese discurso ha tenido para él un coste personal muy alto. «¿Eres demócrata? Bueno, pues tienes que pagar por ello», ha afirmado durante la entrevista, al describir las consecuencias familiares, profesionales y sociales de su posicionamiento.
Gernika, memoria histórica y altavoces mediáticos
Otro de los momentos más duros de la conversación ha llegado cuando Segura ha mencionado al general Dávila, al que ha acusado de mantener una visión negacionista sobre los bombardeos de Gernika e Irun. El escritor ha criticado que perfiles de este tipo hayan sido invitados como analistas en televisiones de gran alcance.
A partir de ese ejemplo, ha insistido en su tesis sobre el papel de los medios. Según ha afirmado, «los medios de comunicación en España son una herramienta de control del sistema, no son una herramienta de fiscalización del sistema».
Segura ha considerado especialmente grave que se dé voz a personas que, según ha señalado, han defendido lecturas históricas rebatidas sobre episodios traumáticos de la memoria vasca y española.
Euskadi como espacio más ajeno a ese entramado
En el tramo final de la entrevista, Luis Gonzalo Segura ha reconocido que revertir esta situación es muy complejo. Ha afirmado que las élites herederas del franquismo siguen teniendo una posición de mando en España y ha planteado la dificultad de desmontar esa estructura.
Al mismo tiempo, ha señalado que en Euskadi puede resultar más sencillo abrir determinados debates, al tratarse, según sus palabras, de un espacio más ajeno al entramado del Estado español que describe en el libro.
El autor ha presentado España, Cara B como una obra en la que aborda la corrupción, las estructuras de poder, los silencios institucionales y el coste que han pagado quienes han denunciado malas prácticas en ámbitos como el Ejército, la política, la justicia o los medios de comunicación.
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