Magnolia Rare Books: ¿Qué ocurre cuando una librería se convierte también en un lugar para quedarse?

Hablamos con Natalia Gómez creadora de una librería en la que fusiona historias de mujeres con ilustración botánica y de ciencias

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Magnolia Rare Books: ¿Qué ocurre cuando una librería se convierte también en un lugar para quedarse?

Natalia Gómez Acebo detrás de un libro en su librería Magnolia Rare Books / Natalia Gómez Acebo
Banner de Cáritas Bizkaia en Bilbao

Quizás algún día paseando por el Casco Viejo te haya llamado la atención un portal esquinero lleno de plantas. La puerta está abierta y cuando te asomas, la estancia parece el salón de estar de una casa. Está enmoquetada, tiene alguna alfombra, lámparas bajas que emiten una luz cálida, muebles, una deliciosa música ambiente y estanterías repletas de libros. La curiosidad te mueve a acercarte y, cuando estás seguro de que no vas a realizar un allanamiento de morada, entras. Acabas de descubrir una singular y coqueta librería llena de tesoros literarios, importados de todo el mundo, y láminas de botánica y ciencia.

Detrás de una mesa, una mujer sonríe. Es Natalia Gómez Acebo, que te da la bienvenida a su hogar, Magnolia Rare Books, la librería que regenta desde hace unos años en el número 14 de la calle Carnicería Vieja. 

El rinconcito de Magnolia Rare Books en el número 14 de Carnicería Vieja
La entrada a la librería

Hoy nos sentamos con ella para conocer todos los secretos de su librería, hablar de su apuesta por la historia de las mujeres y los feminismos, de los clubes de lectura y las actividades culturales y también de los retos de mantener una librería independiente. 

“Cada librero hace un lugar único”

“Aquí hay una mezcla de las cosas que a mí me gustan y una de las cosas que me gustan es la naturaleza. Me gusta especialmente la ilustración botánica y de ciencias del final del siglo XIX,” me cuenta Natalia cuando le pregunto por la estética de su librería.

Ilustraciones de ciencia
Láminas de botánica

Y es que Magnolia tiene mucho de Natalia, sobre todo su calidez. De hecho, me confiesa que las interacciones con las personas que la visitan es lo que más le gusta: “Yo estoy sentada en una mesa, hay muchas sillas, la gente viene, se sienta y charlamos.”

Una fusión curiosa

Muchos de esos visitantes se sientan atraídos por la curiosa propuesta de Natalia, que trabaja con lo que más le apasiona y de lo que más sabe: “la historia de las mujeres y ciencias naturales del siglo XIX.”

Para ella, poner el foco en la historia de las mujeres y los feminismos era especialmente importante porque piensa que “directamente nos han sido ocultadas en los estudios.” Ella estudió arte y critica que “apenas se mencionaban un puñadito de mujeres artistas.” Con el tiempo e investigando por su cuenta, Natalia descubrió que hay grandísimas artistas mujeres. Desde entonces, solo lee sus historias porque hay tantas que no cree tener suficiente tiempo en una vida para descubrirlas a todas.

Estanterías llenas de tesoros literarios e historias de mujeres

Desapercibidas y menospreciadas

Además de desapercibidas, muchas de estas mujeres han sido menospreciadas. Sus obras se han considerado literatura para mujeres o baja literatura. Incluso hoy en día, nos cuenta Natalia, a muchos hombres no les interesan las experiencias de las mujeres. Natalia comparte entonces como ejemplo las críticas masculinas negativas recibidas por la película de Hamnet, basada en la novela homónima de la escritora británica Maggie O’Farrell. “Hamnet trae una historia muy interesante, imaginando a partir de unos pequeños datos biográficos de la que fue la compañera de Shakespeare, cómo fue la vida de esta mujer en el siglo XVI.” 

Años de progreso

A pesar de eso, Natalia se muestra optimista en cuanto al incremento en la producción y difusión de trabajos de mujeres en los últimos años, así como en la ampliación de temas, sobre todo de los temas sobre el colectivo LGTBIQ+, y de otros más allá del mundo blanco y del norte. Aunque, estando de cara al público, se reafirma en que “somos las mujeres las que normalmente nos interesamos más por estos asuntos y a los hombres les cuesta.” De hecho, el público de la librería sigue siendo mayoritariamente femenino, aunque de vez en cuando entre algún hombre atraído por la estética del lugar. Entre su clientela habitual, Natalia nos dice sentirse muy contenta también de contar con gente joven. 

Un lugar para quedarse

Y es que Magnolia no es solo un lugar al que se va a comprar libros. Allí también se organizan conciertos, sesiones de collage y bordado, talleres botánicos, presentaciones de poesía, proyectos artísticos y grupos de lectura. ¿Qué ocurre cuando una librería se convierte también en un lugar para quedarse?

“Esto surge como algo natural en realidad,” responde Natalia. “Una librería tiende muy fácilmente a ser un lugar del barrio, un lugar de encuentro. Empecé a hacer conciertos porque me gusta mucho la música. Además, me gusta que haya diferentes estilos, diferentes tipos de música y, eso, genera una vinculación de la gente también con el lugar.”

Sobre todo Natalia quiere que Magnolia “sea un lugar en el que te apetezca estar”, y por eso, se preocupa mucho por la ambientación. Todo está cuidado al detalle y se crean sinergias muy bonitas.”

Supura lectura

Entre esas sinergias, ha tenido un gran recibimiento Supura lectura, el club de lectura que lleva en activo tres años. “Es una colaboración que tengo con una chavala del barrio”, cuyo proyecto de creación se llama Mak-aústika. “Ella es una artista punk, que hace collage sobre diferentes soportes, muy político y muy artístico, con una base cultural muy potente.”

Supura Lectura es “un grupo de mujeres que nos reunimos con compromiso de estar para leer juntas. A partir de la lectura también hacemos más cosas, bordamos, hacemos collages…A partir de lo leído hacemos cosas con las manos. Lo llevamos como a lo físico y otra vez a lo mental.” 

El club es muy intergeneracional, hay mujeres de entre 20 y 70 años, seleccionan un tema y se reúnen cada dos semanas. “No es el clásico club de lectura” porque tienen un conjunto de libros sobre el tema y cada una va leyendo lo que puede o quiere. Las dinámicas de las sesiones se van adaptando a las circunstancias del grupo y todas pueden contribuir ideas u opiniones sobre cómo les gustaría tratar los temas. 

“Tenemos una metodología feminista que le debo a Josune Muñoz, de la escuela de literatura escolástica, a la que quiero mencionar siempre por todo lo que me ha enseñado.”

Lo más interesante es el bienestar y la sensación de aprender juntas, de pasar tiempo de calidad juntas, de cuestionarnos cosas y el apoyo que es esto.”

Amor por los clásicos

El curso lector empieza la semana que viene y aunque ya tienen un grupo de 10 personas completo, están intentando montar otro. Van a trabajar sobre el tema epistolar, la literatura de cartas y diarios. Empezarán leyendo las cartas de Pardo Bazán y Galdós. “A la gente le gustan mucho los clásicos.”

“El año pasado, por ejemplo, estuvimos leyendo Frankenstein y al grupo le fascinó. Muchas veces también sucede que la gente no sabe que Frankenstein es una obra que escribió una mujer de 19 años a principios del siglo XIX. Tal vez hoy es más conocido, pero esto sucede con muchas escritoras.”

Principales retos a los que se enfrenta Magnolia

Por todo lo que me cuenta Natalia, parece que su proyecto tiene una gran comunidad y sigue adelante. Pero mantener una librería independiente tiene que ser complicado, por eso le pregunto por los principales retos a los que se enfrenta Magnolia Rare Books. 

Entonces me habla de la competencia de las compras por Internet. “Yo llevo ya muchos años dedicándome a la librería. En Bilbao ha cambiado completamente la temporalidad. Antes en verano no se trabajaba, la época fuerte era la Navidad. Hoy día la Navidad ha desaparecido. La gente compra por internet y el comercio de calle cada vez va a menos.”

Natalia relaciona este fenómeno con la precariedad: “La disponibilidad económica, por ejemplo, de los estudiantes es muy limitada. Una cosa que me sucede en la librería es que cada día entra gente a decirme lo preciosa que es, lo que le emociona la librería, qué bonita, que si pueden hacer fotos y luego no compran. Yo tengo unos precios super razonables. Tengo libros desde tres y cuatro euros, postales, láminas y más.

Siempre puedes encontrar algo para tu bolsillo

Hay muchas cosas que te puedes comprar para apoyar, simplemente. Es difícil de entender que a la gente le guste tanto que existan sitios así, pero no esté dispuesta a hacer nada para que existan.” 

Algo para todo el mundo

Para acabar con una nota positiva y reforzar la idea de que hay que apostar por los rinconcitos con personalidad y el comercio de barrio, Natalia termina contándonos por qué deberíamos acercarnos por allí. 

“Es un lugar en el que te vas a pasar un rato muy agradable escuchando música, viendo antigüedades… Hay cosas para todos los bolsillos porque me esfuerzo mucho para que haya materiales muy accesibles, tanto para leer como para decorar tu casa. Y si tienes suerte, pues te encontrarás tal vez con un pequeño concierto. Si nos sigues en Instagram, ahí están todas las actualizaciones. Este otoño vamos a tener talleres de botánica, probablemente continuaremos con un coro experimental que se reúne aquí una vez al mes, que es muy entretenido. Y también estáis a tiempo de apuntaros al grupo de lectura, que es el mejor grupo de lectura de Bilbao, sin duda.”

Está claro que Magnolia Rare Books ofrece muchas cosas, tantas que no nos ha dado tiempo a cubrirlas todas. Hay algo para todo el mundo. Es un rinconcito pequeño, pero muy matón, así que ya sabemos todos dónde tenemos que ir si queremos una tarde diferente, una comunidad diferente, nutrirnos el espíritu o tener una agradable conversación con Natalia. 

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