El alcalde y el concejal de Derechos Humanos han dado la bienvenida esta mañana en el Salón Árabe del Ayuntamiento a once menores saharauis, a siete menores de Ucrania y a dos de Bielorrusia, que pasarán el verano en Bilbao con familias de acogida. Escapan, aunque sea por unos meses del calor abrasador, de la guerra o de la radiación. Al empezar el evento todos estaban un poco tímidos, mirando al suelo, inseguros de lo que iba a pasar, hasta que ha salido el mago Tor con sus bromas, y su magia, y han empezado a reír. Entonces ya no se han quitado la sonrisa porque además les han regalado gorras, un libro y les han invitado a un aperitivo. Fatma de la Delegación Saharaui en Euskadi, nos decía que, aunque hay alguno que extraña a su familia, la mayoría están encantados y emocionados por todo lo que pueden vivir aquí. “Ellos aprenden de vuestra cultura, aprenden del funcionamiento de una ciudad. Los que vienen por primera vez conocen el mar. Para ellos es una novedad y es un regalo para toda la vida”, afirmaba.
Realidades diferentes
Estos niños viven una realidad muy dura, especialmente en verano y por eso el proyecto es fundamental para el pueblo saharaui. “Durante el verano es cuando más se sufre, niños, ancianos y mujeres lactantes, porque hace 50 grados bajo la sombra, que se dice rápido, pero es todo un infierno. Llega a 60 grados, 60 y pico”, explicaba Fatma, añadiendo que “a partir de las 10 de la mañana no puede salir un alma fuera. Tienen que estar recogidos desde la mañana hasta la tarde 8 por ahí de las tardes, se hace más bien vida de noche, no de día”.
Una realidad igual de dura nos transmitía Marian, de la Asociación Chernóbil-Elkartea. Desde la organización llevan años involucrándose en el proyecto, y aunque históricamente solo traían niños en verano “cuando las partículas radiactivas están en suspensión y les afecta más al cuerpo”, hoy en día han extendido el programa a otras épocas del año porque ahora también “están en guerra”. “Es importante porque pueden descansar, dormir tranquilos, ir al parque sin miedo a que suene la alarma y tengan que ir a un a un refugio”, señalaba Marian.
Familias de acogida
Mientras que el programa Saharaui va dirigido a niños hasta 12 años, que pueden repetir 4 años seguidos; el de los países del Este es para niños de entre 8 y 18 años. Aunque el recibimiento siempre es bueno, desde la organización destacan que hacen falta más familias. Según Marian “son 92 los niños y niñas que han venido. Cada uno es una posibilidad y cada uno tiene su oportunidad. Entonces, para mí eso ya es importante de por sí, pero también es verdad que hay muchos que se quedan allí porque no tenemos familia que les acoja”. Aprovechaba también para animar a todo el mundo a participar. “Ahora los plazos son muy exigentes, hay que preparar todo con mucha antelación, pero animo a la gente a que se acerque a la asociación y pueda participar en el programa. Tenemos la Navidad a la vuelta de la esquina y les podemos ofrecer un mes fuera de ese entorno que hoy en día no es favorable para ellos”.
El comienzo de una amistad
Desde las organizaciones agradecen mucho a las familias su generosidad. Además, Fatma compartía que los niños acaban sintiéndose muy unidos a ellos. “Se crean lazos muy fuertes de amistad entre la familia de aquí con la familia biológica de esta niña o de este niño. Solemnos organizar vuelos en diciembre directos para que vayan allá a conocer la vida in situ de estos niños y conocer a su familia y conviven con ellos una semana.”
La experiencia de Gentzen y Udara
Una de esas familias es la de Getzen y Udara que se estrenan como familia de acogida. Tras una semana todavía se están haciendo. “Es todo nuevo porque ella también viene por primera vez. Entonces estamos haciéndonos, entendiendo cómo poder adaptarnos a una cultura distinta y que ella se adapte también a lo nuestro en casa”. Cuando les hemos preguntado que qué le iban a enseñar de Bilbao, Getzen nos ha contestado que “enseñar se enseña todo y todo es nuevo porque es que desde el grifo a la luz, a un ascensor, a edificios, es todo nuevo para ellos”. Aunque también quieren darle experiencias como ir a la playa, al mar. “Que tenga experiencia con el agua. La psicomotricidad en el agua es totalmente distinto para ellos, nunca se han sumergido. Entonces, estamos yendo mucho a la playa, a piscinas con mucho cuidado. Hay que llevar muchos manguitos, flotadores para que no haya sustos. También queremos que interactúen con otras personas para que vean que el comportamiento de otras culturas es distinto y para que se vea la riqueza.
Las aportaciones que suman
El proyecto es muy bonito e importante. Si alguien se anima a participar o quiere informarse, este sábado en el parque Doña Casilda habrá una fiesta saharaui de 11:30 a 14:00, y de 15:30 a 17:30, con todas las familias que participan este año. Estamos todos invitados y allí podéis preguntar directamente por la información que podéis encontrar en su página web.
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