El panorama en Oriente Medio es cada vez más sombrío. Tras un mes de ofensiva militar, la situación lejos de estabilizarse parece dirigirse hacia un enquistamiento de consecuencias imprevisibles. En los micrófonos de EgunOn Bizkaia, Ignacio Álvarez-Ossorio, catedrático de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Complutense de Madrid, ha desgranado las claves de un conflicto donde las estrategias de Israel y Estados Unidos se entrelazan con un objetivo claro: quebrar la hegemonía regional de Irán.
Para Álvarez-Ossorio, no se puede entender la actual ofensiva sin la estrecha colaboración entre el primer ministro israelí y el presidente estadounidense. «Es la guerra de Netanyahu y de Trump, de los dos juntos», afirma con rotundidad. Según el experto, Israel lleva décadas buscando infligir un daño irreversible a Irán, y ha logrado arrastrar a Trump a una aventura militar que prometía ser rápida, pero que ya cumple 31 días de guerra sin objetivos claros. Mientras Estados Unidos oscila entre buscar el derrocamiento del régimen, provocar un levantamiento popular o alentar la insurgencia de las minorías kurdas, la realidad sobre el terreno muestra una falta de estrategia coherente.
El Estrecho de Ormuz: La gran baza de Teherán
La posibilidad de ver tropas estadounidenses en suelo iraní es real, especialmente tras el envío de unidades estratégicas para controlar las islas del Estrecho de Ormuz. Sin embargo, Irán no se queda atrás y mantiene una posición de fuerza gracias a su control sobre este paso marítimo vital para la energía mundial. «El régimen iraní considera que ha sobrevivido a un mes de ataques y tiene una carta ganadora: el control del Estrecho de Ormuz, que no está dispuesto a abrir mientras no cesen los ataques», explica el catedrático. Irán exige condiciones estrictas para cualquier negociación, incluyendo reparaciones de guerra y el cese de la ofensiva israelí en el Líbano, algo que Trump rechaza de plano al exigir una «rendición incondicional».
La vulnerabilidad de las monarquías árabes
El conflicto ha dejado a los países árabes del Golfo en una posición extremadamente delicada. Naciones como Arabia Saudí, Emiratos o Kuwait se encuentran «entre dos fuegos»: el de sus aliados occidentales y las represalias de Irán, que justifica sus ataques al albergar estos países bases militares norteamericanas.
Álvarez-Ossorio destaca que la presencia de estas bases, lejos de dar seguridad, actúa como un imán para los ataques. La economía de estos países ya sufre las consecuencias, con el cese de las exportaciones de gas y petróleo y ataques a infraestructuras críticas como plantas desoladoras, lo que impacta directamente en las grandes empresas occidentales y españolas que dependen de su capital.
Líbano: La repetición de la tragedia de Gaza
La situación en el Líbano es, según el experto, una extensión de la estrategia aplicada en Gaza. Con un 20% de la población ya desplazada, Israel busca «convertir ese territorio en una nueva Gaza», destruyendo infraestructuras y pueblos enteros para anexionarse la zona sur.
Ante este escenario, Álvarez-Ossorio critica duramente la inacción de la comunidad internacional: «La Unión Europea ni está ni se la espera; los dirigentes europeos prefieren mirar hacia otro lado para no indisponerse con Netanyahu». El experto advierte que, si la situación sigue deteriorándose, pronto veremos una crisis migratoria masiva de millones de personas intentando llegar a Europa a través de Turquía.
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