El consejero de Ciencia, Universidades e Innovación, Juan Ignacio Pérez Iglesias, ha pasado por los micrófonos de ‘EgunOn Bizkaia’ para desgranar los detalles de la reciente renovación del Plan de Ciencia, Tecnología e Innovación de Euskadi. Una actualización necesaria debido al ritmo vertiginoso al que avanza la tecnología y que busca adaptar el tejido socioproductivo vasco a las realidades emergentes de la presente década.
Un plan superado por la realidad
El plan original, aprobado en 2020, se diseñó con un horizonte de diez años. Sin embargo, el consejero ha explicado que «diez años en estas materias es un tiempo larguísimo» debido a la cantidad de novedades que cambian las reglas del juego de forma radical. «Cuando se redactó el plan original, la Inteligencia Artificial se citaba un par de veces, pero no había ninguna previsión sobre sus enormes potencialidades. En 2023 se lanzó ChatGPT y hemos visto que los modelos de lenguaje tienen un potencial disruptivo enorme». Además de la revolución digital, Pérez Iglesias ha señalado que factores imprevisibles como la pandemia de 2020 o las tensiones geopolíticas actuales han reconfigurado las prioridades, acelerando procesos como la transición energética. «Hay razones incluso geopolíticas para dejar de depender del petróleo, y esto exige innovación y conocimiento», ha subrayado.
La reconfiguración del ecosistema vasco
Para responder a este nuevo escenario, la renovación del plan estratégico se articula en torno a un conjunto de ejes transversales que buscan fortalecer la posición de Euskadi. En primer lugar, se sitúa la apuesta decidida por la formación de personas de alta cualificación, donde cobra especial relevancia el impulso del Centro de Estudios Avanzados como herramienta clave para «atraer personas de talento de fuera». Este pilar se complementa con la búsqueda de una ciencia de vanguardia que genere conocimiento sólido en todas las disciplinas, desde las ciencias experimentales hasta las de la salud, sirviendo de base indispensable para cualquier desarrollo posterior.
Asimismo, el plan camina en total alineación con la estrategia industrial del país para coordinar las prioridades de competitividad. Sin embargo, una de las grandes novedades de esta actualización es la incorporación formal de las ciencias sociales y las humanidades al núcleo del desarrollo tecnológico. El consejero defiende que «no podemos pensar que los problemas y retos que tenemos que abordar son resolubles solo con el concurso de las ciencias experimentales y la tecnología», abriendo la puerta a una reflexión profunda sobre la ética y el bienestar comunitario. Finalmente, el diseño se cierra con un impulso renovado a la innovación, tanto la de base científico-tecnológica —guiada por los denominados ‘faros de innovación’— como la orientada a las nuevas prácticas y normativas.
Desmontando el mito de la «fuga de cerebros»
Al ser preguntado por los movimientos de profesionales cualificados en el extranjero, Pérez Iglesias ha matizado la visión alarmista que suele existir sobre la «fuga de cerebros». Citando datos del Departamento de Trabajo, Empleo y Seguridad Social, ha aclarado que «es cierto que hay gente que se va fuera, pero prácticamente la misma cantidad de gente viene», reflejando un flujo internacional que afecta por igual a todos los países desarrollados.
No obstante, el consejero ha reconocido que existen obstáculos internos que dificultan el retorno o la atracción de profesionales, señalando directamente al mercado inmobiliario: «Adquirir una vivienda o pagar un alquiler sigue siendo una barrera para que la gente se instale», aunque confía en que las nuevas políticas sectoriales ayuden a solventar este problema.
Optimismo frente a la incertidumbre tecnológica
Respecto al temor generalizado de que la Inteligencia Artificial destruya empleo de forma masiva en sectores intermedios, el consejero se ha mostrado prudente y ha recordado la necesidad de mantener una perspectiva humana respaldada por la filosofía de Karl Popper: «El futuro no está escrito y no lo podemos adivinar. Tenemos la obligación de ser optimistas. Más que profetizar el mal, tenemos que trabajar y luchar por un mundo mejor».
Pérez Iglesias ha concluido destacando que Euskadi cuenta con un nivel científico «realmente muy bueno» en diversas áreas, aunque a menudo estos logros pasen desapercibidos para el gran público en favor de temas más mediáticos. Como ejemplo de éxito local, ha puesto en valor «todas las tecnologías del lenguaje que se han desarrollado en Euskadi en los últimos años», las cuales ya están facilitando la vida de los ciudadanos en un contexto multilingüe.
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