El eclipse solar total del 12 de agosto ha empezado ya a centrar la atención científica y social en Bizkaia. El fenómeno, que será visible desde Bilbao y ganará espectacularidad cuanto más al oeste se observe, ha servido de punto de partida para una conversación en torno al nuevo libro publicado por el CSIC sobre el llamado trío de eclipses de 2026, 2027 y 2028.
El doctor Rafael Bachiller, director del Observatorio Astronómico Nacional y presidente de la Comisión Científica del trío de eclipses, ha explicado que la comunidad científica vive este periodo con especial interés. Según ha señalado, no es habitual poder contemplar un eclipse solar total desde el propio entorno, ya que muchas veces los astrónomos y aficionados tienen que desplazarse a lugares remotos para observar este tipo de fenómenos.
Un libro del CSIC para entender los eclipses desde la ciencia y la historia
El nuevo volumen del CSIC no se limita al eclipse de este verano. También aborda los eclipses previstos para 2027 y 2028, y lo hace desde una mirada amplia que combina ciencia, historia, arte, literatura y mitología. Bachiller ha destacado que los eclipses han tenido un papel decisivo en el avance del conocimiento y también han dejado huella en numerosas culturas.
A lo largo de la historia, estos fenómenos han permitido estudiar la corona solar, observar comportamientos imposibles de analizar en condiciones normales y comprender mejor el movimiento de la Tierra, la Luna y el Sol. También han inspirado a músicos, escritores y pintores, además de alimentar mitos y leyendas en prácticamente todas las civilizaciones.
De Aristóteles al helio: lo que los eclipses han enseñado a la ciencia
Durante la entrevista, se ha recordado que los eclipses han servido para alcanzar conclusiones científicas fundamentales. Entre ellas, la constatación de que la Tierra es redonda, a partir de la sombra que proyecta nuestro planeta durante un eclipse de Luna. Bachiller ha subrayado que esta idea se conoce desde la Antigüedad y forma parte de la historia de la ciencia desde hace siglos.
También se ha explicado que la observación de los eclipses ha permitido entender que la distancia entre la Tierra y la Luna no es siempre la misma. Esa variación explica por qué en algunas ocasiones la Luna tapa por completo el disco solar y se produce un eclipse total, mientras que en otras no llega a cubrirlo del todo y aparece el conocido anillo de fuego de los eclipses anulares.
El astrónomo ha recordado además que los eclipses han contribuido al descubrimiento de elementos químicos. Uno de los ejemplos más llamativos es el helio, identificado primero en el Sol y cuyo nombre procede precisamente de Helios, el Sol.
Una coincidencia cósmica: el Sol es 400 veces más grande, pero está 400 veces más lejos
Rafael Bachiller ha descrito como una “coincidencia cósmica fantástica” el hecho de que el Sol y la Luna tengan tamaños aparentes tan parecidos vistos desde la Tierra. Aunque el Sol es una enorme esfera de gas y la Luna una roca de un tamaño aproximado al de Europa, el Sol es unas 400 veces más grande y se encuentra unas 400 veces más lejos.
Esa relación hace posible que, en determinadas condiciones, la Luna cubra por completo el disco solar. Cuando la Luna se encuentra más cerca de la Tierra, su tamaño aparente aumenta y puede provocar un eclipse total. Si está algo más lejos, no alcanza a ocultar todo el Sol y se produce un eclipse anular.
El caso de Colón y la Luna roja en Jamaica
El libro también recoge episodios históricos en los que los eclipses han sido utilizados con fines muy distintos a los científicos. Uno de los ejemplos mencionados ha sido el de Cristóbal Colón en Jamaica, en 1504. Bachiller ha matizado que no se trató de un eclipse solar, sino de un eclipse lunar.
Según ha explicado, Colón y su tripulación se encontraban encallados, sin alimentos ni agua. Al conocer de antemano la llegada del eclipse gracias a sus tablas astronómicas, utilizó el fenómeno para impresionar a los indígenas y advertirles de que la Luna se teñiría de rojo si dejaban de suministrarles provisiones.
Los saros y la capacidad de predecir eclipses durante miles de años
La entrevista también ha abordado la capacidad de la astronomía para predecir eclipses. Bachiller ha explicado que existen ciclos que se repiten cada 18 años y 11 meses, conocidos como saros. Estos patrones permiten entender la recurrencia de los eclipses, aunque el sistema formado por el Sol, la Tierra y la Luna resulta complejo.
El movimiento lunar no responde a un círculo perfecto, sino a una órbita elíptica, y está influido incluso por otros cuerpos como Júpiter. Aun así, el conocimiento actual de las ecuaciones de movimiento permite predecir eclipses con gran precisión durante miles de años hacia el futuro y también hacia el pasado.
Esa precisión ha servido incluso para fechar acontecimientos históricos. Cuando un texto antiguo menciona un eclipse visible desde un lugar concreto, la astronomía puede ayudar a situar con exactitud ese episodio en el calendario.
Disfrutar del eclipse y seguir aprendiendo
Bachiller ha reconocido que los tres eclipses que se acercan tendrán un componente muy importante de disfrute. La ciencia dispone hoy de instrumentos, como el coronógrafo, capaces de simular eclipses artificiales y observar la corona solar sin esperar a que se produzca un eclipse total.
Sin embargo, ha señalado que todavía hay aspectos para los que los eclipses naturales siguen siendo imprescindibles. Uno de ellos es el estudio de la parte más interna de la corona solar. Otro, especialmente llamativo para el público general, es el comportamiento de los animales durante la oscuridad repentina.
El astrónomo ha explicado que aves, gallinas o vacas pueden desorientarse durante un eclipse total. Los pájaros alteran su comportamiento, las gallinas tienden a regresar al corral y las vacas pueden volver al establo, como si la noche hubiera llegado de forma inesperada.
Bilbao tendrá apenas medio minuto de totalidad
De cara al eclipse del 12 de agosto, Bachiller ha advertido de que en Bilbao la fase de totalidad será breve, de apenas medio minuto. En otros puntos alcanzará alrededor de un minuto y cuarenta segundos. Además, el fenómeno se producirá al atardecer, por lo que la elección del lugar de observación será fundamental.
El director del Observatorio Astronómico Nacional ha recomendado buscar un punto con el horizonte oeste completamente despejado, sin montes, árboles, edificios ni obstáculos que puedan tapar el Sol en el momento clave. La presencia de nubes también será determinante para poder disfrutar de la corona solar durante la totalidad.
Bachiller ha señalado que observará el eclipse desde el observatorio de Yebes, en Guadalajara, donde también se prepara una retransmisión para quienes no puedan verlo por nubosidad o por encontrarse fuera de la zona de visibilidad. El fenómeno se presenta así como una oportunidad para mirar al cielo, entender mejor la astronomía y acercarse a un espectáculo natural poco frecuente.
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