Centros de Acacias en Getxo
Josune Sáez de la Maza, del Centro de Día Acacias de Getxo nos cuenta con detalle la labor que realizan todos los profesionales del centro.
Cada domingo, con la DYA abrimos una ventana a la realidad social que muchas veces pasa desapercibida. En esta ocasión, nos centramos en el impacto positivo de los centros de día, de la mano de Josune Sáez de la Maza, responsable del Centro de Día Acacias, en Getxo.
Una conversación serena, profunda y muy humana sobre envejecimiento, autonomía, socialización y algo fundamental: el sentido de seguir viviendo con ilusión.
Josune lo explica con claridad desde el inicio: El centro de día no es una residencia, sino un lugar intermedio entre el hogar y una posible institucionalización futura.
Es un espacio pensado para personas cuya vida ha cambiado; Cuando comienzan a tener más dependencia, se pierde autonomía, se está más solo o incluso con pequeños deterioros cognitivos y emocionales. Pero, sobre todo, es un lugar donde no se aparca a nadie, sino donde se reactiva la vida.
Recuperar el ikigai
Durante la entrevista aparece una palabra japonesa que lo resume todo: ikigai, la razón de ser, el motivo por el que levantarse cada mañana.
Muchas personas mayores sienten que ya “no valen”, que han perdido su papel en la sociedad. En el centro de día, el objetivo es justo el contrario:
- volver a sentirse útiles
- recuperar una rutina con sentido
- formar parte de un grupo
- tener algo que aportar
Cada persona es tratada como lo que es: un individuo único, con su historia, su carácter y sus necesidades… Con nombre y apellido.
Además de una buena nutrición, hidratación y ejercicio físico, Josune subraya algo fundamental: la socialización es salud.
Compartir, hablar, reír, discutir con respeto, cantar o simplemente estar acompañado mejora el estado emocional, cognitivo y físico de las personas mayores.
Las familias lo notan rápidamente, mejor ánimo, más comunicativas, más ágiles, y en definitiva más felices.
Un día normal en el Centro de Día Acacias
Lejos de la monotonía, el día a día está cuidadosamente estructurado y adaptado:
A la mañana: Orientación y activación
- Recepción personalizada
- Orientación a la realidad (cómo han dormido, cómo se sienten)
- Lectura del periódico (sin política, por decisión de los propios usuarios)
- Actividades cognitivas individualizadas
- Gimnasia adaptada y circuitos físicos
Todo se ajusta continuamente para no frustrar jamás a nadie.
A mediodía: Comida y descanso
- Comedor servido “como en un restaurante”
- Elección entre platosAtención a preferencias individuales (incluso algo tan concreto como cómo se sirve la fruta)
- Descanso libre tras la comida: siesta, lectura o televisión
La clave es el respeto y la escucha activa.
Por la tarde: lo lúdico y lo emocional
- Hacen gimnasia grupal
- Juegos, manualidades y bingo (imprescindible los viernes)
- Viajes virtuales, carnavales, música
- Entrenamientos de memoria en grupo
La tarde está pensada para disfrutar, no para exigir.
Romper la rutina
Algo imprescindible y muy divertido, fiestas y celebraciones tienen un impacto enorme como navidades, carnaval, etc…
La entrada de niños al centro cambia completamente el ambiente. Las caras se iluminan, incluso en personas con deterioros avanzados. Son días que rompen la rutina y llenan de energía.
La musicoterapia es una constante, pero hay una actividad que sorprendió incluso más al propio equipo:
rezar el rosario.
Más allá de lo religioso, se convirtió en una experiencia de relajación profunda, casi meditativa.
Los usuarios comen más tranquilos, están más serenos y el ambiente cambia por completo.
Una lección clara: repetición, ritmo y calma también son terapéuticos.
Movimiento es vida
No se habla de músculos ni de términos técnicos. Se explica de forma sencilla:
“Cuando uno se para, se para la vida.”
Los propios usuarios notan la diferencia entre un lunes y un viernes. El movimiento diario mejora su autonomía real, no solo su estado físico, y se dan cuenta de que los viernes están más ágiles y activos, a pesar de ser el último día de la semana.
Las familias también lo notan
La mayoría de las familias perciben claramente el cambio. No desaparecen las patologías, pero sí mejora la calidad de vida y la convivencia.
Cada persona es tratada con nombre y apellido, porque la personalidad importa tanto como el diagnóstico.
Mucho más que un servicio: comunidad
Un centro de día no es un lugar idílico, tiene dificultades como cualquier otro espacio humano. Pero cuando se trabaja desde el respeto, la escucha y la vocación, se convierte en una parte viva de la comunidad.
Josune lo deja muy claro; envejecer no es desaparecer, es vivir de otra manera.
