Juan José Urkizu Sustaeta, conocido popularmente como Juanito Urkizu, quizá no sea hoy uno de los nombres más recordados por las nuevas generaciones. Sin embargo, su huella en la historia del Athletic Club resulta inmensa. No en vano, sigue siendo el rojiblanco con más títulos conquistados en la historia de la entidad, con un total de 16 trofeos.
Su palmarés se reparte entre dos etapas brillantes. Como futbolista, en los años 30, logró 14 títulos, entre ellos tres ligas, cuatro Copas y cinco campeonatos regionales. Después, como entrenador en la década de los 40, sumó cuatro títulos más, con una Liga y tres Copas. Después de Valverde y Clemente es el míster que más veces ha dirigido a los leones.
Un récord que aún no ha sido superado
La dimensión de Urkizu en la historia del club va mucho más allá de los títulos. El de Ondarroa sigue siendo el único hombre capaz de ganar Liga y Copa con el Athletic tanto como jugador como desde el banquillo.
Además, firmó otra marca histórica todavía vigente. A partir de 1940, enlazó 241 partidos como entrenador rojiblanco durante ocho temporadas, una cifra que nadie ha logrado superar en el club bilbaíno.
De Ondarroa a los campos de fútbol
Juanito Urkizu era el benjamín de una familia de seis hermanos. Su padre le envió de niño a los Jesuitas de Orduña, donde empezó a jugar al fútbol con apenas ocho años. Más tarde pasó a estudiar con los Padres Escolapios de Bilbao, donde siguió ligado al balón hasta acabar en las filas de la SD Deusto.
Con solo 18 años firmó por Osasuna, donde comenzó jugando como extremo derecho. En aquellos años, el club navarro todavía se movía en categorías regionales, ya que el campeonato de Liga aún no se había puesto en marcha. Allí permaneció cinco temporadas como aficionado y otra más como profesional, en un periodo en el que evolucionó hasta convertirse en un defensa de gran nivel.
Su paso por Real Madrid y el fichaje por el Athletic
Su crecimiento llamó la atención de Santiago Bernabéu, que logró convencerle para fichar por el Real Madrid. En el club blanco permaneció durante dos temporadas, hasta que la muerte de su suegro provocó su regreso a Ondarroa al término de la campaña 1928/29 para hacerse cargo de los negocios familiares.
Poco después, en junio de 1929, firmó por el Athletic, el gran club de su vida. Fue entonces cuando empezó a ser conocido por el apodo de Katugorri o Gato Rojo, en referencia al tono rojizo de su pelo y de su rostro.
Una pieza clave en la edad de oro rojiblanca
En San Mamés, Urkizu actuó como lateral hasta el estallido de la Guerra Civil y fue protagonista de una de las etapas más gloriosas del club. Durante esos años conquistó cuatro Campeonatos de Liga, además de dos subcampeonatos, y levantó tres Copas.
La mayoría de esos éxitos llegaron bajo la dirección del mítico Mr. Pentland, salvo la última Liga, conseguida con Patricio Caicedo en el banquillo. Sobre el campo, Katugorri destacaba por su intensidad, su rapidez, su agilidad y una notable visión de juego.
El entrenador que reconstruyó al Athletic
Colgó las botas en 1935 y, cinco años después, regresó para dirigir a un Athletic marcado por las consecuencias de la guerra. Le tocó reconstruir una plantilla golpeada por la contienda, pero su trabajo dio resultados inmediatos y de enorme calado.
Bajo su mando crecieron y brillaron futbolistas históricos como Lezama, Panizo, Zarra, Iriondo, Gainza, Bertol, Nando, Mieza u Oceja. Aquella generación convirtió de nuevo al club en una referencia del fútbol estatal y consolidó la figura de Urkizu como uno de los grandes arquitectos de la historia rojiblanca.
La anécdota insólita de Castalia
Su trayectoria todavía dejó una escena difícil de imaginar hoy en día. En la temporada 1947/48, tras solo siete jornadas al frente del Athletic, pasó a dirigir al Barakaldo CF. Allí protagonizó una anécdota inolvidable el 18 de enero de 1948, en un partido de Segunda División entre el CD Castellón y el CD Baracaldo Altos Hornos.
El conjunto fabril acudió a Castalia con tantas bajas que el propio Juanito Urkizu, con 46 años, tuvo que alinearse como extremo. Así, el entrenador saltó al terreno de juego junto a Canito y Venancio, dos futbolistas que más adelante también dejarían su huella en la historia del Athletic.