El Athletic saltó al césped de Mendizorrotza con Unai Simón bajo palos; Gorosabel, Vivian, Yeray y Yuri en la línea defensiva; Jauregizar y Rego en la sala de máquinas, con Unai Gómez algo más adelantado; mientras que Nico Williams, Iñaki Williams y Guruzeta formaron el tridente ofensivo elegido por Ernesto Valverde. La gran ausencia volvió a ser la de Oihan Sancet, pieza fundamental en el engranaje rojiblanco, cuya baja privó al equipo de ese último pase, llegada desde segunda línea y capacidad para desequilibrar entre líneas, un vacío que el Athletic acusó especialmente en la creación de juego en la primera mitad.
Pero los rojiblancos solventaron la desventaja de los primeros 45 minutos con un bacalao de bandera del ‘8’, dos del pequeño de los Williams y otro de Robert Navarro. Además, el encuentro dejó una imagen cargada de simbolismo, ya que los futbolistas rojiblancos lucieron en sus camisetas los apellidos de sus madres como homenaje por el Día de la Madre, que se celebra mañana, 3 de mayo, un bonito gesto que añadió un componente emotivo a una tarde de máxima exigencia competitiva.
Sin ideas
El choque en Mendizorrotza arrancó con un Athletic decidido a mandar desde el primer instante, monopolizando la posesión y tratando de instalarse en campo rival con un Nico Williams muy participativo por banda. Los rojiblancos movían el balón con criterio, acumulaban acercamientos y forzaban las primeras acciones a balón parado, mientras el Alavés respondía con una presión intensa, sin conceder espacios y tratando de incomodar la salida de juego bilbaína. Pese al buen arranque visitante, al conjunto de Ernesto Valverde le faltó precisión en los últimos metros para convertir ese dominio inicial en ocasiones realmente claras.
Con el paso de los minutos, el encuentro fue equilibrándose hasta que el Alavés golpeó en su primera llegada con verdadero veneno. Antonio Blanco, desde la frontal, firmó un soberbio disparo que sorprendió y puso por delante al cuadro babazorro, encendiendo a la grada de Mendizorrotza. El tanto cambió por completo el guion: los locales crecieron en confianza, adelantaron líneas y dificultaron la circulación del Athletic, obligado a buscar soluciones más directas. Los hermanos Williams intentaron agitar el ataque rojiblanco, especialmente Nico con sus arrancadas, pero la zaga albiazul se mostró firme y Sivera apenas tuvo que intervenir con apuros. Los rojiblancos se quedaron sin ideas.
En la recta final del primer tiempo, el Athletic trató de reaccionar, acumulando centros laterales y merodeando el área rival, aunque sin la claridad necesaria para inquietar de verdad. Iñaki Williams dispuso de una buena opción tras un preciso envío desde la derecha, pero su remate se marchó por encima del larguero. Incluso hubo incertidumbre con una acción señalada inicialmente como penalti favorable al Alavés, aunque la revisión arbitral terminó corrigiendo la decisión. Así se llegó al descanso, con ventaja mínima para los locales y con mucho trabajo por delante para un Athletic que, pese a su voluntad ofensiva, necesitaba dar un paso al frente para cambiar el rumbo del partido.
Remontada y salvación
La reanudación trajo consigo a un Athletic completamente renovado. Ernesto Valverde agitó el banquillo con la entrada de Ruiz de Galarreta, Oihan Sancet y Robert Navarro, y el efecto fue inmediato. Apenas habían transcurrido unos segundos cuando Robert, con desparpajo, se fabricó la jugada entre rivales y mandó el balón a la red para firmar el primer bacalao rojiblanco de la tarde, devolviendo la igualdad al marcador y cambiando por completo la energía del encuentro. El conjunto bilbaíno dio un paso al frente, ganó profundidad y comenzó a jugar con otra velocidad, empujando al Alavés hacia su propio campo.
Sin embargo, cuando mejor parecía estar el Athletic, el conjunto babazorro volvió a golpear. En una acción a balón parado, Tenaglia aprovechó un saque de esquina para devolver la ventaja a los locales, obligando otra vez a remar contracorriente a los de Valverde. Fue entonces cuando emergió la figura de Sancet. Aunque no intervino demasiado, cada balón que pasó por sus botas tuvo intención y peligro. En una jugada individual de enorme talento, el navarro se inventó un auténtico golazo para establecer el 2-2, un bacalao de muchísima calidad que reenganchó por completo a los zurigorris al partido y dejó tocado a un Alavés que empezaba a notar el desgaste físico y mental.
Con el duelo roto y los espacios apareciendo, el Athletic encontró el escenario ideal para asestar el golpe definitivo. Guruzeta filtró un gran pase al espacio y Nico Williams, que llevaba todo el encuentro insistiendo, no perdonó para culminar la remontada con un magnífico bacalao que silenció Mendizorrotza. Poco después, aprovechando un error defensivo local, el menor de los Williams volvió a aparecer para firmar su segundo tanto de la tarde y sentenciar el choque. Aun así, el Alavés buscó meterse de nuevo en el partido, pero un imperial Unai Simón sostuvo la ventaja con una parada de muchísimo mérito en los minutos finales. El pitido final confirmó una victoria de enorme valor para un Athletic que reaccionó con carácter, fútbol y pegada para llevarse tres puntos de oro. Nico Williams, nombrado MVP del partido, volvió a demostrar su calidad. Ahora, a pensar en el Valencia CF del próximo domingo en San Mamés.