El Bilbao Basket sigue escribiendo una temporada para recordar. El equipo de Jaume Ponsarnau sumó su victoria número 16 en la Liga Endesa apenas unos días después de conquistar su segunda FIBA Europe Cup, completando así una semana redonda… aunque esta vez tocó sufrir.
Porque el triunfo ante el Coviran Granada no fue brillante. Ni mucho menos. Fue uno de esos partidos incómodos, trabados, llevados al límite físico y mental por un rival que, como colista, no tenía nada que perder. Y ahí, en ese escenario de contacto constante, ritmo espeso y poca fluidez, el Bilbao Basket tuvo que demostrar algo más que baloncesto: carácter competitivo.
Incómodo
El conjunto bilbaíno nunca terminó de encontrarse cómodo. El desgaste de la final europea era evidente, tanto en las piernas como en la toma de decisiones. Aun así, supo mantenerse en pie incluso en los momentos más delicados de un partido que se fue torciendo por fases.
Uno de esos puntos de inflexión llegó en el segundo cuarto. Con los locales tratando de abrir brecha, un error en la mesa de anotación provocó una rectificación arbitral posterior que descolocó por completo al equipo. La situación generó protestas en el banquillo y desconcierto en pista, un contexto que aprovechó el Granada para crecer y marcharse al descanso por delante (41-46).
Contracorriente
Hasta ese momento, el encuentro ya había dejado claro su guion. Arranque frío, igualdad máxima (16-16 al final del primer cuarto) y un Coviran Granada muy serio, sostenido por el talento de Luka Bozic, que volvió a ser el faro ofensivo de los andaluces. El croata, bien acompañado por Amar Alibegovic y Elias Valtonen, mantuvo siempre a su equipo en partido.
Tras el paso por vestuarios, el choque subió de revoluciones. El intercambio de golpes fue constante y el Bilbao Basket logró recuperar la iniciativa antes del último cuarto (67-65), pero sin terminar de romper el partido. De hecho, el Granada volvió a golpear en el momento más inesperado: un triple de Costa colocó el 72-77 a falta de menos de cuatro minutos, sembrando la inquietud en Miribilla.
Y entonces apareció la diferencia entre competir y saber ganar.
En el momento crítico, emergió la figura de Melwin Pantzar. El base sueco asumió el mando con personalidad, firmando un tramo final sobresaliente que lideró un parcial de 11-0 decisivo. Junto a él, el peso interior de Tryggvi Hlinason terminó de inclinar la balanza.
No fue una victoria estética, pero sí muy significativa. Porque este Bilbao Basket, incluso sin brillo y con el cansancio acumulado, fue capaz de sacar adelante un partido incómodo, de los que también construyen temporadas.
El 88-83 final no solo certifica el triunfo, sino que mete de lleno a los bilbaínos en la pelea por el playoff y refuerza la sensación de que este equipo ha dado un paso adelante competitivo.
Ganar después de tocar el cielo nunca es sencillo. Hacerlo, además, desde el barro… dice mucho más de lo que parece.
Estadísticas
88 – Surne Bilbao (16+25+26+21): Frey (11), Normantas (6), Hilliard (12), Lazarevic (2), Hlinason (9) -equipo inicial- Jaworski (10), Pantzar (17), Krampelj (4), Bagayoko (4), Petrasek (11), Sylla (-) y Font (2).
83 – Coviran Granada (16+30+19+18): Costa (12), Jassel Pérez (2), Valtonen (12), Bozic (21), Brimah (-) -equipo inicial- Rousselle (6), Olumuyiwa (4), Alibegovic (18), Durán (2), Tomás (-) y Howard (6).
Parciales: 16-16, 41-46 (descanso), 67-65 y 88-83 (final).
Árbitros: Martín Caballero, Francisco Araña y Ariadna Chueca. Eliminaron por cinco faltas a los visitantes Jassel Pérez (m.33), Rousselle (m.37) y Howard (m.39).
Incidencias: Partido de la 29ª jornada de la Liga Endesa disputado en el Bilbao Arena con 7.302 espectadores en las gradas. Antes de empezar el partido el equipo ofreció a los aficionados el trofeo de la Copa FIBA Europa conquistado el pasado miércoles.