Estudio sobre el coste económico del insomnio

Una de cada dos personas con insomnio grave tiene dificultades para tomar decisiones

Podcast Sociedad

El insomnio grave tiene un coste invisible: 43.000 euros al año por persona

El temor a no conciliar el sueño / Depositphotos

Dormir mal de manera continuada no solo provoca cansancio. El insomnio puede afectar a la salud física y emocional, a la capacidad para tomar decisiones y al rendimiento diario. Un estudio de Cigna Healthcare España ha calculado que la pérdida de bienestar asociada al insomnio grave equivale a unos 43.000 euros anuales por persona, una estimación que pretende poner valor económico a las consecuencias de un problema que con frecuencia se normaliza.

La doctora Daniela Silva, especialista en Medicina Interna y e-health medical manager de Cigna Healthcare España, ha explicado en EgunOn Magazine, que el estudio ha estimado en unos 207.000 millones de euros al año el impacto total del insomnio en España, una cantidad equivalente aproximadamente al 12% del PIB. No se trata de un gasto sanitario directo, sino de una valoración económica de la pérdida de bienestar que experimentan las personas afectadas.

Dormir bien no depende solo de las horas

La especialista ha incidido en que el insomnio es un problema más complejo que dormir pocas horas. Aunque para una persona adulta se recomienda habitualmente descansar entre siete y ocho horas, también resulta fundamental la calidad de ese sueño y, especialmente, cómo se encuentra la persona durante el día.

El cansancio persistente, los problemas de concentración, la irritabilidad o las dificultades para desarrollar las actividades habituales constituyen señales de alerta. Silva ha señalado que mantener durante mucho tiempo un descanso insuficiente altera diferentes procesos del organismo y genera una situación de estrés continuado.

Entre sus posibles consecuencias se encuentran alteraciones en la regulación de la glucosa, una menor sensibilidad a la insulina y cambios en el funcionamiento del sistema inmunitario. También aumenta el riesgo de hipertensión y problemas cardiovasculares.

Peores decisiones y menor satisfacción vital

La falta de sueño también repercute directamente en el cerebro. Silva ha explicado que dormir mal perjudica la comunicación entre la corteza prefrontal, relacionada con la toma racional de decisiones, y la amígdala, vinculada a las emociones.

Los datos del estudio reflejan claramente este deterioro. Entre quienes no padecen insomnio, un 5,4% manifiesta dificultades para tomar decisiones. La proporción aumenta al 16,2% en los casos leves, al 39,1% en los moderados y se aproxima al 50% entre las personas con insomnio grave.

La satisfacción vital sigue una evolución similar. La valoración media pasa de 7,2 puntos sobre diez entre quienes no tienen insomnio a 6,4 en los casos leves y desciende hasta 4,5 puntos en los casos graves.

Una relación de doble dirección con la ansiedad y la depresión

El informe también ha analizado la conexión entre los problemas de sueño y la salud mental. Los resultados no permiten establecer que el insomnio sea necesariamente causa o consecuencia de trastornos como la ansiedad o la depresión, pero sí confirman una estrecha relación entre ambos fenómenos.

La ansiedad y la depresión pueden dificultar el descanso y favorecer la aparición del insomnio, mientras que dormir mal durante largos periodos puede terminar afectando al estado de ánimo y al bienestar emocional. Por ese motivo, los casos persistentes requieren una valoración individual que tenga en cuenta factores físicos, mentales y emocionales.

Las mujeres presentan más insomnio

El estudio ha detectado además una mayor prevalencia del insomnio moderado y grave entre las mujeres. La diferencia se hace especialmente evidente a partir de determinadas edades. Entre las mujeres mayores de 55 años, el insomnio moderado alcanza aproximadamente el 24,7%, frente al 14% registrado entre los hombres.

Silva ha relacionado esta diferencia con una combinación de factores, entre ellos los cambios hormonales asociados a la menopausia, el estrés y otras circunstancias emocionales y sociales. La especialista ha defendido por ello tratamientos individualizados que tengan en cuenta las características de cada paciente.

Las pantallas siguen afectando al descanso

Uno de los resultados más llamativos del informe apunta a que el 70% de las personas que duermen bien utiliza pantallas antes de acostarse, frente al 63% de quienes padecen insomnio. La doctora ha advertido, sin embargo, de que estos datos no permiten concluir que las pantallas sean inocuas.

La exposición a la luz azul puede reducir la secreción de melatonina y determinados contenidos generan una activación que dificulta conciliar el sueño. Una posible explicación a los resultados es que las personas que ya padecen insomnio hayan reducido conscientemente su exposición nocturna a estos dispositivos.

Ejercicio sí, pero mejor lejos de la noche

La actividad física puede contribuir a mejorar el descanso porque reduce el estrés y ayuda a mantener correctamente el ritmo circadiano. El estudio señala que alrededor del 60% de las personas sin insomnio o con problemas leves realiza actividad física moderada o intensa.

El horario también importa. Realizar ejercicio intenso al final del día puede aumentar la activación del organismo y dificultar posteriormente el sueño. Además, el propio insomnio puede generar un círculo difícil de romper: dormir mal produce cansancio y ese cansancio reduce las ganas de realizar actividad física.

Las benzodiazepinas siguen siendo la opción más utilizada

Otro de los datos que preocupa a los especialistas es el elevado uso de medicamentos para dormir. En los casos graves, cuatro de cada diez personas recurren a fármacos con receta, principalmente benzodiazepinas. La melatonina aparece en segundo lugar, con un 33%, mientras que solo un 16% recurre a terapia psicológica cognitivo-conductual.

Silva ha señalado que precisamente la terapia cognitivo-conductual es la opción recomendada como primera línea por las principales guías internacionales. A su juicio, el elevado consumo de benzodiazepinas refleja también la tendencia a buscar soluciones rápidas ante un problema que puede tener múltiples causas.

La medicación puede ser necesaria en determinados casos, pero debe emplearse de forma individualizada y bajo supervisión. Antes de elegir el tratamiento resulta fundamental determinar el origen del trastorno, ya que problemas como la apnea obstructiva del sueño o los cambios relacionados con la menopausia requieren abordajes diferentes.

La regla del tres para reconocer el insomnio crónico

Una mala noche o una temporada de mayor estrés no significan necesariamente que exista un trastorno. La principal señal de alarma aparece cuando la dificultad para dormir deja de ser puntual y empieza a afectar al funcionamiento cotidiano.

La especialista ha recordado la denominada regla del tres: se considera insomnio crónico cuando los problemas para dormir aparecen al menos tres noches por semana y se mantienen durante tres meses o más. También debe valorarse si existen consecuencias diurnas como falta de concentración, bajo rendimiento o cansancio persistente.

Horarios, luz natural y menos estímulos

Entre las principales medidas para mejorar el descanso, Silva ha destacado mantener horarios regulares tanto para acostarse como para levantarse. También recomienda exponerse a la luz natural durante las primeras horas del día, una señal fundamental para regular el ritmo circadiano, y reducir progresivamente la intensidad de la iluminación al llegar la tarde.

La tercera recomendación pasa por disminuir los estímulos nocturnos: limitar las pantallas, evitar la actividad intensa cerca de la hora de acostarse y mantener una habitación fresca y libre de dispositivos electrónicos. Son hábitos sencillos, pero su eficacia depende de incorporarlos de manera constante a la rutina diaria.

Dormir bien forma parte del cuidado habitual de la salud del mismo modo que mantener una alimentación equilibrada o realizar ejercicio físico, por lo que estas pautas deben mantenerse de forma continuada y no únicamente cuando aparecen los primeros problemas para conciliar el sueño.


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